La directora de los Servicios Técnicos del Consejo Regulador, Alejandra Rubio, explica cómo el sistema de control de la Denominación de Origen Calificada (DOCa) garantiza al consumidor el origen, la autenticidad y la calidad del vino de Rioja
Texto: Mirian Terroba
redaccion@laprensadelrioja.com
Cuando un consumidor elige una botella de Rioja, puede tener la certeza de que las uvas proceden de la Denominación, que el vino ha sido elaborado conforme a unas normas comunes, que cumple unos estándares de calidad y que todo el proceso ha sido verificado antes de llegar a sus manos. Esa confianza se sustenta en un sistema de control y certificación que garantiza el cumplimiento de esos requisitos.
La respuesta está en la pequeña contraetiqueta del Consejo Regulador. Apenas unos centímetros de papel que representan meses de trabajo y una cadena de controles que comienza mucho antes de la vendimia y que no termina cuando el vino sale al mercado. Detrás de cada botella certificada existe un sistema que acompaña al vino desde la viña hasta la copa y que constituye uno de los principales pilares sobre los que se ha construido el prestigio internacional de la DOCa Rioja.
Mucho antes de que términos como trazabilidad, certificación o seguridad alimentaria se incorporaran al lenguaje habitual del sector vitivinícola, Rioja ya había entendido que la reputación de una denominación no depende únicamente de la calidad de sus vinos, sino también de la credibilidad de los controles que la respaldan. Durante décadas, el Consejo Regulador ha desarrollado un modelo de certificación que no se limita a cumplir las exigencias legales, sino que las supera mediante un sistema propio de inspección, análisis y seguimiento que constituye uno de los más completos entre las grandes regiones vitivinícolas.
«No habría un control
más importante que otro.
Es una cadena.
No te puedes saltar ninguno»
Quien mejor conoce ese engranaje es Alejandra Rubio. Hace un año asumió la dirección de los Servicios Técnicos del Consejo Regulador, convirtiéndose en la primera mujer que ocupa esta responsabilidad. Pero su historia con Rioja comenzó mucho antes. Acumula veinticinco vendimias en la casa: primero como ayudante técnica de inspección, después como veedora y ahora al frente del Órgano de Control. «Ese recorrido te da una visión muy completa del territorio y permite entender cómo funciona realmente Rioja”, explica.
No es una observación casual. Porque el trabajo del Órgano de Control no consiste únicamente en inspeccionar. Su misión es mucho más amplia: construir, día tras día, las garantías que sostienen la confianza del consumidor.
La garantía empieza en la viña
La contraetiqueta es el símbolo visible de la certificación, pero la garantía comienza muchos meses antes de que exista el vino. «Nuestro objetivo principal es que tanto los viñedos como las bodegas y los vinos cumplan las normas para ser Rioja».
La afirmación de Rubio resume un trabajo que acompaña al vino prácticamente durante toda su vida. Los Servicios Técnicos gestionan el registro de viñedos y bodegas, inspeccionan parcelas, supervisan las prácticas de cultivo y los rendimientos autorizados, verifican la evolución del viñedo, controlan la recepción de la vendimia, toman muestras durante la elaboración, certifican los vinos mediante análisis físico-químicos y sensoriales, supervisan su envejecimiento y continúan realizando controles cuando las botellas ya se encuentran en el mercado.
«No hay un control más importante que otro. Es una cadena. No puedes saltarte ninguno porque todos forman parte del proceso». Esa idea resume probablemente mejor que ninguna otra el modelo de certificación de Rioja.
A lo largo del ciclo vegetativo, los técnicos inspeccionan las parcelas mientras un sistema basado en inteligencia artificial permite estimar la producción, detectar incidencias y anticipar la planificación de la vendimia con una precisión cada vez mayor. Pero la tecnología no sustituye el conocimiento del territorio.
«Más que cambios, Rioja ha vivido una evolución constante», explica Rubio. «Ahora utilizamos inteligencia artificial para estimar la producción de toda la Denominación, pero al final todo sigue basándose en la tierra, en la uva y en el trabajo que hacen los viticultores. Eso no ha cambiado en cien años.»
Durante las semanas previas a la vendimia, los Servicios Técnicos recogen muestras de uva repartidas por toda la Denominación. Esas muestras se analizan en los laboratorios acreditados de las estaciones enológicas de La Rioja, Álava y Navarra y sus resultados se difunden mediante boletines periódicos que ayudan a viticultores y bodegas a decidir el momento óptimo de recolección.
«Todas las entregas de uva
que entran en las bodegas de Rioja se registran.
Desde el primer remolque hasta el último»
Rubio reivindica otra faceta menos conocida de los Servicios Técnicos: el apoyo permanente a viticultores y bodegas. «Queremos ayudar a los viticultores. Ellos conocen mejor que nadie sus viñas y nosotros ponemos a su disposición información que pueda servirles para tomar decisiones«. Ese trabajo de acompañamiento forma parte de la actividad diaria del departamento y responde a un mismo objetivo: «Queremos proteger a toda la gente que hace bien las cosas.»
El propósito es preservar la calidad de la cosecha y proteger el valor de la Denominación reforzando uno de los sistemas de garantía más exigentes del sector. «Todos queremos lo mismo: mejorar la calidad de Rioja, proteger su prestigio y que el consumidor siga confiando en nuestros vinos.»
Para Rubio, ese sistema de trazabilidad constituye uno de los pilares del modelo Rioja: Cuando el primer remolque entra en una bodega, un vigilante del Consejo Regulador comprueba la entrega, registra la tarjeta del viticultor, verifica el pesaje y deja constancia digital de toda la operación. El mismo procedimiento se repetirá con el siguiente remolque. Y con el siguiente. Así hasta el último día de campaña.
La dimensión del operativo explica por sí sola la importancia de este momento. Cerca de una treintena de profesionales trabajan específicamente en el desarrollo del Plan Especial de Seguimiento de este año, a los que se suman más de 130 vigilantes de vendimia distribuidos por las bodegas elaboradoras.
Cada entrega queda vinculada a la tarjeta personal del viticultor, donde figuran las parcelas inscritas, las variedades autorizadas y los rendimientos asignados. Durante la última campaña se procesaron telemáticamente las entregas correspondientes a 12.554 tarjetas de viticultor. «Todas las entregas de uva se registran. Desde el primer remolque hasta el último. Sabemos de dónde procede esa uva y podemos seguir su recorrido durante todo el proceso de elaboración.»
Ese registro constituye el primer gran eslabón de una trazabilidad que permitirá seguir el recorrido del vino hasta su certificación. Gracias a él es posible relacionar posteriormente cada vino con las uvas que le dieron origen, garantizando que el producto que llegará al consumidor responde realmente a lo que identifica la contraetiqueta.
Merecer ser Rioja
La vendimia no certifica el vino. Solo abre la siguiente fase del proceso. Entre noviembre y abril, el Consejo Regulador desarrolla un programa sistemático de recogida de muestras en todos los depósitos de las bodegas elaboradoras. Ningún vino queda fuera del sistema de verificación.
A partir de ese momento, cada vino debe superar dos pruebas complementarias antes de poder ser certificado. Por un lado, los análisis físico-químicos realizados en los laboratorios acreditados de las estaciones enológicas de La Rioja, Álava y Navarra verifican que el vino cumple todos los parámetros establecidos en el pliego de condiciones.
Por otro, el Panel de Cata del Consejo Regulador comprueba “que los vinos cumplen exactamente las características definidas para Rioja.»
«Ningún vino puede ser Rioja
sin superar tanto los análisis físico-químicos
como el análisis organoléptico»
La renovación metodológica culminada en 2022, desarrollada junto al Instituto de Ciencias de la Vid y el Vino (ICVV), permitió estandarizar los atributos sensoriales, reforzar la formación de los catadores y aumentar la objetividad del sistema. Actualmente el panel está integrado por 134 profesionales. Cada vino es evaluado por cinco jueces independientes y durante el último ejercicio fueron analizadas 2.176 muestras, lo que supuso cerca de 11.000 valoraciones sensoriales.
Solo cuando supera tanto los análisis físico-químicos como la evaluación sensorial obtiene la certificación de la Denominación y puede comercializarse como Rioja. «Ningún vino puede ser Rioja sin superar tanto los análisis físico-químicos como el análisis organoléptico.»
Los vinos que no alcanzan los estándares exigidos quedan fuera de la Denominación y deben abandonar la bodega dentro de los plazos establecidos, bajo la supervisión del propio Órgano de Control.
La obtención de la certificación tampoco pone fin al proceso. Los Servicios Técnicos continúan verificando las existencias de vino en depósitos, barricas y botellas, supervisan los procesos de envejecimiento y controlan el uso de las contraetiquetas y precintas oficiales utilizadas por las bodegas embotelladoras.
Al mismo tiempo, el producto terminado sigue siendo objeto de muestreos tanto en las propias bodegas como en el mercado. «Podemos tomar muestras en una bodega o comprar una botella en el mercado. El proceso vuelve a ser exactamente el mismo: análisis físico-químico y panel de cata».
La filosofía no cambia. El objetivo es comprobar que el vino que llega al consumidor conserva las mismas características por las que fue certificado meses antes. Es un control permanente que convierte la certificación en un proceso continuo y no en un simple trámite administrativo.
La confianza no se imprime en una contraetiqueta. Se construye mucho antes de que la botella llegue al mercado. En Rioja, esa confianza descansa sobre miles de inspecciones, análisis, catas y verificaciones que acompañan al vino desde la viña hasta la comercialización. Un trabajo silencioso que el consumidor rara vez ve, pero que explica por qué una pequeña contraetiqueta sigue siendo, décadas después, uno de los principales símbolos de garantía.













