Olga Cervantes, fundadora de Asisvid, analiza cómo un enfoque especializado en gestión del riesgo permite mejorar la protección de bodegas y viticultores frente a nuevos riesgos técnicos, climáticos y de mercado

El vino es un sector cada vez más expuesto a riesgos complejos que abarcan desde la producción hasta la comercialización. Sin embargo, muchas bodegas siguen dependiendo de modelos de seguro poco adaptados a su realidad. La falta de soluciones aseguradoras específicas ha convertido la gestión del riesgo en uno de los grandes retos para bodegas y viticultores, en un contexto marcado por la creciente complejidad operativa y la aparición de nuevos riesgos técnicos, climáticos y de mercado.

Olga Cervantes, de Asisvid, explica en esta entrevista cómo un enfoque especializado permite ir más allá del seguro tradicional, incorporando prevención, análisis de riesgos y acompañamiento continuo para proteger de forma real la actividad y la continuidad de las bodegas.

Riesgos visibles… y otros que no lo son tanto

La responsable de Asisvid insiste en que su propuesta se basa en la especialización técnica aplicada al sector vitivinícola, con soluciones diseñadas “desde el campo hasta la copa”. En sus palabras, el objetivo es “aportar traducción técnica a los profesionales del sector”, combinando la experiencia aseguradora con el conocimiento profundo de la industria. Esta visión permite, según señala, identificar no solo riesgos habituales, sino también aquellos “riesgos invisibles que impactan el capital de trabajo de una bodega e incluso comprometen su continuidad económica”.

En cuanto a la tipología de riesgos, Cervantes destaca que cada bodega es distinta, aunque existen amenazas comunes. Entre ellas menciona la contaminación y los fallos de trazabilidad, que pueden derivar en pérdidas de lotes enteros, daños reputacionales y elevados costes de limpieza. También señala los daños en maquinaria esencial, como bombas o equipos de frío, así como la interrupción de la actividad, un riesgo que define como “silencioso” porque “a menudo está infravalorado y no se calcula correctamente en las pólizas”.

Nos encontramos con que muchas bodegas tienen asegurados sus activos, pero no el impacto de la parada productiva”, explica. En estos casos, añade, el problema no es solo la cobertura, sino el diseño del riesgo: “terminan asumiendo una exposición que no quedó reflejada correctamente en su póliza”.

Desde Asisvid, este enfoque se complementa con herramientas de seguimiento continuo y prevención. Cervantes detalla que trabajan con un modelo de asesoría periódica que permite mantener una relación a largo plazo con cada cliente: “coordinamos recursos, alineamos objetivos y diseñamos propuestas de valor personalizadas”. A ello se suman planes de prevención que, según afirma, “no solo reducen el riesgo, sino que además pueden repercutir en bonificaciones de prima si se aplican correctamente”.

Cada bodega, un modelo 

La personalización es otro de los pilares del modelo. “Cada bodega tiene su propio ADN, y eso no es un matiz, es el punto de partida”, señala. A partir de ese diagnóstico, explica, se construyen mapas de riesgo que analizan procesos, instalaciones, operativa y estrategia: “ahí es donde realmente está el riesgo”. El objetivo, añade, es evitar soluciones estándar: “no partimos de pólizas genéricas que intentamos adaptar, sino de un análisis previo que nos permite diseñar coberturas a medida”.

En la gestión de siniestros y pólizas, Cervantes resume el enfoque de Asisvid en tres conceptos: “asesorar, asegurar y acompañar”. Según explica, “no se trata solo de emitir una póliza, sino de acompañar a la bodega en el tiempo”. Este seguimiento continuado permite, asegurar, reducir la incertidumbre y mejorar la respuesta ante incidencias: “cuando hay un trabajo previo bien hecho, el siniestro se gestiona con menos fricción y menos sorpresas”.

Por último, la responsable de Asisvid señala que uno de los grandes retos del sector es dar a la gestión del riesgo el peso estratégico que merece. “Un cisne negro dentro de una bodega puede comprometer no solo la actividad, sino el patrimonio y la sucesión generacional”, advierte. A ello se suman factores externos como el cambio climático, la inestabilidad geopolítica o las tensiones comerciales.

En este contexto, concluye que el futuro pasa por una gestión más proactiva y especializada: “buscamos traducir riesgos en soluciones aseguradoras reales, que permitan ajustar coberturas, mejorar la prevención y acompañar a las bodegas de forma continua, no puntual”. Según afirma, las empresas que adoptan este enfoque pueden reducir significativamente el impacto de los siniestros y mejorar su capacidad de recuperación.

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