Manu Balanzino y Juan Muñoz Ramos abordan en Wine Land 2026 la evolución de la restauración, la diversificación del mercado y los nuevos momentos de consumo del vino

Texto: Mirian Terroba
redaccion@laprensadelrioja.com

El vino no atraviesa una crisis como producto, pero sí un desafío profundo en su encaje dentro del sistema actual de consumo. El verdadero reto ya no pasa únicamente por vender más, sino por volver a ser comprensible, relevante y fácil de integrar en la vida cotidiana del consumidor contemporáneo.

Con esta idea como telón de fondo se ha desarrollado una nueva propuesta de Wine Land 2026, celebrada en el Club de Marketing de La Rioja, en Logroño, donde expertos del sector vitivinícola y gastronómico han analizado la transformación de los hábitos de consumo, los canales de comercialización y el papel del vino en un entorno en plena evolución.

La sesión ha abordado un escenario en el que el vino convive con nuevas dinámicas de ocio y restauración, impulsadas por estilos de vida más flexibles y una oferta gastronómica en constante evolución. En este contexto, el sector se enfrenta al reto de adaptarse a nuevas ocasiones de consumo como el tardeo, el brunch o el auge del vermut, además de tendencias como la gastronomía experiencial y el consumo consciente.

Durante la jornada se ha analizado cómo estas transformaciones están redefiniendo no solo los momentos en los que se consume vino, sino también sus formatos, estilos y propuestas, con el objetivo de mantener su atractivo en un mercado cada vez más fragmentado.

Una restauración más rápida y flexible

El programa ha contado con la participación de Manu Balanzino, chef, sumiller y asesor gastronómico, quien ha centrado su intervención en la transformación del sector gastronómico y la posición del vino dentro de este nuevo contexto de consumo.

En su análisis, Balanzino ha descrito una evolución clara de la restauración, donde el modelo tradicional de consumo largo y pausado está dando paso a experiencias más ágiles, de entre 45 y 60 minutos. Este cambio impulsa formatos como el brunch, el fast casual o el grab-and-go, y favorece a la restauración organizada, mejor adaptada a un consumidor que prioriza la rapidez, la eficiencia y la flexibilidad.

En este contexto, ha señalado que el vino pierde protagonismo, con una caída global de la producción, el consumo y las importaciones, así como una menor presencia en los nuevos modelos de restauración, donde predominan bebidas más simples y de consumo inmediato. A ello se suma un factor generacional, ya que los consumidores jóvenes no lo eligen como bebida principal.

Más allá de los datos, el ponente ha puesto el foco en la relación del consumidor con el vino, todavía condicionada por un lenguaje técnico, códigos culturales y cierta presión social que dificultan una interacción natural. Frente a otros productos gastronómicos, el vino sigue percibiéndose como complejo, lo que limita su encaje en contextos informales y aleja especialmente a los públicos más jóvenes.

Simplificar para conectar

Ante este escenario, Balanzino ha planteado que el reto no pasa tanto por intensificar la promoción como por redefinir la relación con el consumidor. En este sentido, ha señalado la necesidad de construir experiencias más auténticas y personalizadas, apoyadas en el vínculo con el territorio y en el contacto directo con el cliente.

Entre las claves de esta adaptación, ha destacado la importancia de reforzar la transparencia y la cercanía, facilitar la comprensión del producto, poner en valor el origen y el viñedo desde una perspectiva sostenible, e integrar el vino en nuevos momentos de consumo más rápidos e informales. También ha subrayado la necesidad de avanzar hacia modelos de venta más omnicanal, capaces de responder a un ecosistema de consumo cada vez más diverso.

Juan Muñoz Ramos

Más diversificación,  más confusión

Por su parte, Juan Muñoz Ramos, experto en bebidas y presidente de la Unión de Asociaciones Españolas de Sumilleres (UAES), ha analizado la evolución reciente del sector y el impacto de la creciente diversificación de estilos y categorías en el mercado global del vino.

Según ha expuesto, el mundo del vino atraviesa un proceso de transformación marcado por la aparición constante de nuevas categorías, estilos de elaboración y términos comerciales que están generando una creciente confusión entre los consumidores. En su intervención ha subrayado la enorme diversidad actual, mostrando ejemplos de distintos tipos de vinos —desde ecológicos y naturales hasta biodinámicos o de intervención mínima—, al tiempo que ha advertido de la falta de claridad en muchas de estas denominaciones.

Ha señalado además que términos como “reserva” o “vino natural” no siempre tienen el mismo significado entre países ni están uniformemente regulados, lo que contribuye a esa percepción de confusión. En este sentido, ha puesto el foco en el papel del marketing y en la proliferación de tendencias comerciales que introducen conceptos sin un respaldo técnico homogéneo.

Ramos ha insistido en la necesidad de reforzar la comunicación y la educación del consumidor para facilitar la interpretación del producto, y ha concluido que el principal reto del sector es adaptarse a esta creciente complejidad sin perder transparencia, apostando por una mayor claridad informativa y una mejor conexión con el consumidor final.