
Una investigación doctoral de la Universidad de La Rioja demuestra que esta técnica permite mejorar la composición nitrogenada, aromática y fenólica de las bayas sin comprometer el rendimiento del viñedo
La aplicación foliar de urea como fertilizante nitrogenado puede convertirse en una herramienta de interés para adaptar la viticultura a los efectos del cambio climático. Así lo concluye la investigación doctoral de Rebeca Murillo Peña, desarrollada en la Universidad de La Rioja, que ha demostrado que esta práctica mejora la composición de las uvas de Tempranillo y Tempranillo Blanco sin afectar a la producción ni a los parámetros generales de la baya.
Los resultados adquieren especial relevancia en un contexto marcado por el desacoplamiento entre la madurez tecnológica y la madurez fenólica, uno de los desafíos que afronta actualmente el sector vitivinícola. El aumento de las temperaturas y los cambios en las condiciones hídricas pueden dificultar la coincidencia entre el momento óptimo de maduración de los azúcares y la evolución de los compuestos fenólicos, con consecuencias directas sobre el equilibrio y la calidad del vino.
La investigación, titulada Aplicaciones foliares de urea en el viñedo: Estudio de la influencia del momento de aplicación y de la dosis en la composición nitrogenada, aromática y fenólica de la uva de Tempranillo y Tempranillo Blanco (Vitis vinifera L.), se ha desarrollado en el marco del programa de Doctorado en Enología, Viticultura y Sostenibilidad de la Universidad de La Rioja. Dirigida por Teresa Garde Cerdán y José María Martínez Viadaurre, investigadores del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV), la tesis ha obtenido la calificación de sobresaliente cum laude, con mención internacional.
Dosis y momento de aplicación, factores determinantes
El trabajo ha evaluado durante dos añadas el efecto de tres concentraciones de urea —3, 6 y 9 kg de nitrógeno por hectárea— y dos momentos de aplicación, preenvero y envero, sobre la composición nitrogenada, aromática y fenólica de ambas variedades.
Los resultados confirman que la eficacia de la técnica depende de la interacción entre la variedad, las condiciones climáticas de cada campaña, la dosis empleada y el momento del tratamiento. Por tanto, la estrategia de fertilización debe adaptarse a las características de cada viñedo y a los objetivos enológicos perseguidos.
En Tempranillo, la dosis más elevada, de 9 kg de nitrógeno por hectárea, ofreció los mejores resultados al incrementar el contenido de aminoácidos, el nitrógeno fácilmente asimilable (NFA) y los flavanoles de las bayas. Estos componentes desempeñan un papel relevante en la nutrición de las levaduras durante la fermentación alcohólica y en las características fenólicas del vino.
La investigación también constató que el momento de aplicación debe tener en cuenta las condiciones meteorológicas de la añada. En campañas más cálidas y secas, los tratamientos realizados en preenvero mejoraron la composición de la uva, mientras que, en años menos cálidos y secos, las aplicaciones en envero resultaron favorables para los parámetros nitrogenados, aromáticos y fenólicos estudiados.
En Tempranillo Blanco, la combinación más eficaz fue la aplicación de 9 kg de nitrógeno por hectárea en preenvero. Este tratamiento mejoró el contenido de aminoácidos y de trans-resveratrol, un compuesto fenólico de interés por sus propiedades biológicas.
En ambas variedades, la mejora de la composición de las bayas se consiguió sin repercusiones negativas sobre la producción ni sobre sus parámetros generales, un aspecto importante para valorar la posible aplicación de esta técnica en las condiciones productivas del viñedo.
Una herramienta para una fertilización más eficiente
El interés de la aplicación foliar de urea no se limita a su efecto sobre la composición de la uva. El nitrógeno es un elemento esencial para el desarrollo de la vid y para los procesos fermentativos, pero su gestión exige encontrar un equilibrio entre las necesidades nutricionales del cultivo, la calidad de la cosecha y la protección ambiental.
Un uso inadecuado de los fertilizantes nitrogenados puede contribuir a la contaminación de las aguas y de la atmósfera. En este contexto, la aplicación foliar de urea presenta ventajas potenciales por su rápida absorción, su elevada concentración de nitrógeno y su viabilidad económica. Ajustar las dosis y el momento de aplicación a las necesidades reales del viñedo puede contribuir a racionalizar la fertilización y reducir el uso excesivo de estos insumos.
La investigación apunta, además, a una posible mejora de las condiciones de fermentación y de las propiedades sensoriales de los vinos, al favorecer la composición nitrogenada y los compuestos aromáticos y fenólicos de la materia prima. No obstante, la respuesta depende de las condiciones de cada campaña y de la variedad, por lo que no existe una única pauta válida para todos los escenarios.
Las conclusiones de la tesis sitúan la fertilización foliar con urea como una herramienta complementaria para gestionar la calidad de la uva en un escenario climático cambiante. La selección de la dosis y del momento de tratamiento deberá realizarse atendiendo a los objetivos de composición, las características varietales y las condiciones meteorológicas, con el fin de aprovechar sus beneficios sin comprometer la producción ni la sostenibilidad del sistema vitícola.
Una trayectoria investigadora vinculada al ICVV
Rebeca Murillo Peña, nacida en Logroño en 1986, es ingeniera técnica agrícola y licenciada en Enología por la Universidad de La Rioja. Ha desarrollado su tesis en el Departamento de Viticultura del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino, con el apoyo de una beca de Formación de Personal Investigador del Gobierno de La Rioja entre 2018 y 2020 y de un contrato predoctoral para la formación de doctores financiado por el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) entre 2020 y 2024.
Su investigación se ha enmarcado también en los proyectos regionales dedicados a evaluar el nitrógeno en el sistema suelo-vid-uva-vino y a implantar estrategias para racionalizar su uso y mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero en el ecosistema vitícola. Estas iniciativas fueron financiadas por el Gobierno de La Rioja y cofinanciadas al 50 % con fondos FEDER dentro del Programa Operativo FEDER de La Rioja 2014-2020.
Durante el desarrollo de la tesis, la investigadora realizó una estancia nacional de un mes en el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS-CSIC) y otra internacional de tres meses en la Estación Experimental Agropecuaria de Mendoza (EEA-INTA), en Argentina.
Los resultados aportan nuevas evidencias sobre el potencial de la gestión nutricional del viñedo para responder a los retos de la viticultura actual. En un sector como el riojano, en el que la adaptación climática y la preservación de la calidad constituyen prioridades estratégicas, la investigación refuerza la importancia de ajustar las prácticas agronómicas a las necesidades de cada variedad y añada.












