El ‘oro líquido riojano’ se afianza como referente agroalimentario gracias a su origen certificado, su evolución histórica y un sistema productivo centrado en la calidad y la diferenciación

Texto: Mirian Terroba
redaccion@laprensadelrioja.com

La X Jornada del Aceite de La Rioja, celebrada en el entorno del Centro Fundación Ibercaja La Rioja, conmemoró su décimo aniversario consolidada como una cita de referencia para el sector oleícola y la gastronomía regional. El encuentro volvió a poner el foco en la importancia de los sellos de calidad europeos como garantía de excelencia, origen y procesos productivos, reivindicando el papel de la Denominación de Origen Protegida como elemento diferenciador del aceite riojano.

El Aceite de La Rioja DOP es hoy el resultado de una larga evolución histórica y de una apuesta firme por la calidad. Su consolidación como producto diferenciado refleja la capacidad del sector para combinar tradición, innovación y proyección internacional, convirtiéndose en uno de los grandes embajadores agroalimentarios de la comunidad.

La jornada reunió a productores, profesionales y consumidores en torno a degustaciones y actividades divulgativas, además de acoger la entrega de premios del X Concurso a la calidad del mejor Aceite de La Rioja, que volvió a reconocer la excelencia del sector oleícola riojano. Durante el acto, la presidenta de la DOP Aceite de La Rioja, Clara Espinosa, destacó la evolución del sector y su apuesta “por la calidad, la diferenciación y el valor añadido que aportan el territorio y las variedades autóctonas”.

Un legado milenario

El aceite de La Rioja es el resultado de un sector en plena consolidación. La DOP ampara un producto ligado a un territorio concreto, donde el olivar ha experimentado una notable recuperación en las últimas décadas tras un periodo de retroceso. Actualmente, el sector cuenta con miles de hectáreas, centenares de olivicultores y decenas de marcas, lo que refleja su creciente peso en la agroalimentación riojana.

El aceite de oliva con Denominación de Origen es fruto del buen hacer de los elaboradores riojanos y de la adaptación a modernos sistemas de cultivo y elaboración. Con una producción anual en torno a 400.000 litros, se comercializa bajo cerca de 70 marcas de reconocido prestigio nacional e internacional.

La DOP ampara un territorio que abarca toda la comunidad autónoma, donde se cultiva una amplia diversidad de variedades de aceituna, tanto autóctonas como adaptadas, entre las que destacan redondilla o redondal, arbequina, empeltre, machona, negral, royal o royuelo, hojiblanca, arróniz, verdial, picual, cornicabra, manzanilla y blanqueta, lo que refuerza la riqueza del perfil del aceite riojano.

Constituida en 2004, la DOP agrupa actualmente alrededor de 1.250 hectáreas de olivar, unos 600 olivicultores y 14 empresas elaboradoras. Un modelo que prioriza la calidad frente al volumen y que ha permitido consolidar el prestigio del aceite riojano dentro y fuera de la región.

La DOP establece exigentes parámetros fisicoquímicos y sensoriales que aseguran la calidad del producto, desde la acidez hasta la evaluación organoléptica, pasando por controles de pureza y composición. Todo el proceso está supervisado por el Consejo Regulador de la DOP Aceite de La Rioja y los organismos técnicos de la Consejería de Agricultura del Gobierno regional.

El sector oleícola tiene además un impacto directo en el desarrollo rural, ya que gran parte de la producción se concentra en municipios pequeños, contribuyendo a fijar población y generar actividad económica en el territorio. Asimismo, un número creciente de explotaciones apuesta por modelos de producción más sostenibles y ecológicos.

En la X Jornada del Aceite de La Rioja, los galardones fueron para Almazara Ecológica de La Rioja, Almazara Riojana y Trujal de Galilea, mientras que la distinción al comercio distribuidor recayó en Selección de Frutas y Verduras Mónica, de Calahorra. El certamen contó con 21 muestras evaluadas por el Panel Oficial de Cata de La Grajera, reflejo del alto nivel de calidad de los aceites amparados por la DOP.

Gastronomía, salud y versatilidad

El Aceite de La Rioja presenta un perfil frutado, con notas aromáticas peculiares y un ligero amargor, características diferenciadas que vienen determinadas por el clima, el tipo de suelo y la diversidad de variedades cultivadas en la región. Estas cualidades lo convierten en un producto singular dentro del panorama oleícola.

Su origen se remonta a la época romana, con una larga tradición en La Rioja Baja y Media, aunque los primeros datos documentados aparecen en el siglo XVIII. Tras un periodo de auge en el siglo XX y un posterior declive a finales de los años 60, el sector inicia su recuperación en torno al año 2000, impulsado por la apuesta por la calidad, hasta la creación de la DOP Aceite de La Rioja en 2004.

El Aceite de La Rioja destaca por sus características organolépticas diferenciadas, con un perfil frutado, notas aromáticas peculiares y un ligero amargor. Estas cualidades están estrechamente vinculadas al entorno: el clima, el tipo de suelo y la diversidad de variedades cultivadas, tanto autóctonas como adaptadas.

El aceite riojano es un pilar de la dieta mediterránea gracias a su alto contenido en ácido oleico, polifenoles y vitamina E, compuestos con propiedades antioxidantes que contribuyen a la protección cardiovascular y al equilibrio del colesterol. Su estabilidad lo convierte además en un aceite adecuado para cocinar a altas temperaturas, manteniendo sus cualidades en frituras mejor que otros aceites vegetales.

En la cocina, destaca por su gran versatilidad: se emplea en crudo para ensaladas, verduras o tostadas, donde realza los sabores naturales; como aperitivo o base en desayunos, especialmente sobre pan; y como ingrediente que aporta personalidad a todo tipo de platos, desde recetas tradicionales hasta propuestas más innovadoras.

En frituras, su mayor resistencia térmica permite crear una capa protectora en los alimentos que ayuda a conservar sus jugos, mejorar la textura y reducir la absorción de grasa, lo que se traduce en preparaciones más ligeras. Su equilibrio entre sabor, estabilidad y valor nutricional lo convierte en un ingrediente esencial tanto en la cocina cotidiana como en la gastronomía contemporánea.