333,8 millones de kilos de uva culminan una campaña marcada por las altas temperaturas, la rápida evolución de la maduración y un excelente estado sanitario
Texto: Mirian Terroba
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Aunque puedan registrarse entradas puntuales de uva procedentes de parcelas más tardías, la DOCa Rioja ha cerrado la vendimia ordinaria de 2026 con 333,77 millones de kilos de uva, de los que 290,91 millones corresponden a variedades tintas y 42,86 millones a blancas. El volumen supone un incremento del 48 % respecto a la campaña anterior y sitúa la producción por encima de la registrada en 2024 y 2025, aunque por debajo de los 382 millones de kilos de 2023.
La campaña comenzó el 6 de agosto, con las primeras recolecciones en Viñedos de Aldeanueva y Bodegas Ilurce, y se convirtió desde sus primeros compases en la vendimia más temprana de la historia de la denominación. El adelanto, de varias semanas respecto al calendario habitual, estuvo condicionado principalmente por las elevadas temperaturas y obligó a intensificar el seguimiento de la evolución del viñedo.
La maduración se aceleró especialmente en la segunda mitad de la campaña, con un rápido incremento del grado alcohólico probable, descenso de la acidez total y el ácido málico y aumento del pH. El peso de la baya se mantuvo estable o descendió ligeramente en las parcelas con mayor estrés térmico e hídrico.
En paralelo, la madurez fenólica evolucionó favorablemente al final de la vendimia, con mejoras en IPT, antocianos e índice de color. La evolución, condicionada por la diversidad de altitud, orientación, suelo, disponibilidad hídrica y variedad, obligó a ajustar el momento de recolección para acompasar la madurez tecnológica y fenólica.
El estado sanitario ha sido uno de los puntos fuertes de la campaña. Los controles realizados por el Consejo Regulador mantuvieron una valoración favorable en el conjunto de la denominación y la uva llegó a las bodegas, en términos generales, en buenas condiciones.
La ausencia de episodios de lluvia relevantes durante buena parte de la fase final permitió afrontar la recta final de la vendimia con una presión sanitaria contenida. En las parcelas pendientes de recolección, el seguimiento se centró especialmente en la evolución de la acidez, el ácido málico y el pH, además de en las consecuencias del estrés térmico e hídrico.
Una vendimia muy concentrada
La rapidez de la maduración concentró la recolección, que pasó de 185,1 millones de kilos a mediados de septiembre a 333,77 millones al cierre ordinario de la vendimia, el 22 de septiembre. Esta fecha marca el final de la vendimia normal en la denominación, aunque el Consejo Regulador contemplaba todavía la entrada puntual de partidas procedentes de parcelas más tardías.
La vendimia 2026 se ha desarrollado bajo el Plan de Equilibrio, aprobado por el Consejo Regulador con el respaldo del 97 % del sector. El rendimiento amparable se fija en el 90 % para tintas (5.850 kg/ha) y el 100 % para blancas (9.000 kg/ha), con rendimientos de transformación del 69 % y 70 %, respectivamente. El dispositivo de control se ha reforzado asimismo mediante el Plan Especial de Seguimiento Vitivinícola, con nuevas medidas de vigilancia antes, durante y después de la vendimia y un refuerzo del equipo encargado del seguimiento de la campaña.
Con la vendimia concluida, el foco pasa a las fermentaciones, donde se comprobará cómo se traduce en los vinos una uva de rápida acumulación de azúcares, menor acidez y favorable madurez fenólica. En tintos, el reto será equilibrar grado, acidez, extracción y madurez fenólica, mientras que en blancos se buscará preservar frescura y tensión.
Las primeras observaciones permiten hablar de un buen potencial cualitativo, pero la dimensión definitiva de la añada deberá establecerse a partir de la evolución de los vinos durante las fermentaciones y su posterior desarrollo.













