El primer encuentro del ciclo «El Vino. Acto I» arranca con los vinos de La Rioja Alta, Señorío de Líbano, Martínez Lacuesta y Queirón en un debate sobre el presente y el futuro del sector vitivinícola

 

Texto: Mirian Terroba
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El Centro de la Cultura del Rioja (CCR) acogió este lunes la celebración de «El Vino. Acto I», la primera cita de un ciclo de cuatro encuentros impulsado por la Asociación de Sumilleres de La Rioja y el Máster de Sumillería con el objetivo de generar debate en torno a los desafíos y oportunidades que afronta el sector vitivinícola.

La jornada reunió a profesionales del vino, bodegas, estudiantes y aficionados en un espacio concebido para analizar cuestiones como la evolución del consumo, la sostenibilidad, la innovación, el relevo generacional o la identidad de los vinos riojanos.

La apertura institucional corrió a cargo de Miguel Sainz, en representación del Ayuntamiento de Logroño, quien destacó la importancia de crear foros de encuentro para abordar los retos que marcarán el futuro del vino y agradeció la colaboración de las catorce bodegas riojanas y dos empresas vinculadas a la distribución y la enología que respaldan las actividades formativas de la escuela de sumillería.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Sumilleres de La Rioja, Félix Paniego, explicó que el encuentro nace con vocación de continuidad y como una muestra de agradecimiento a las bodegas que respaldan la formación especializada en sumillería.

«El Vino. Acto I» pretende convertirse en un espacio de diálogo permanente sobre tendencias, consumo, formación, enoturismo y los desafíos que afronta el mundo del vino. Según señaló Paniego, La Rioja debe mantener un debate constante sobre la evolución del sector para seguir siendo una referencia nacional e internacional en materia vitivinícola.

La programación de este primer encuentro se articuló en torno a cuatro conversaciones con bodegas riojanas de referencia, acompañadas de catas a ciegas de dos vinos en cada sesión.

Tradición, tecnología y fidelidad al estilo

La Rioja Alta S.A. abrió el programa con la charla «Visión de ayer, hoy y mañana», a cargo de Guillermo Aranzabal. Durante su intervención repasó la evolución de la histórica bodega desde finales del siglo XIX y explicó cómo sus vinos han sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder la identidad que ha definido a la firma durante generaciones.

Aranzabal señaló que en las últimas décadas los vinos de la casa han ganado en frescura, color y precisión gracias a los avances tecnológicos y al mayor conocimiento del viñedo. Sin embargo, defendió que el futuro pasa por seguir siendo fieles al estilo clásico de Rioja que ha convertido a la bodega en una referencia internacional. «Hay modas y las modas vuelven», resumió al referirse al renovado interés por los vinos de corte tradicional.

El director de La Rioja Alta destacó además la apuesta de la bodega por el viñedo y la trazabilidad, así como las inversiones realizadas en fincas como Torre de Oña. La firma cuenta actualmente con más de 80 hectáreas de viñedo propio y continúa ampliando su patrimonio vitícola con el objetivo de seguir elevando la calidad de sus vinos. También recordó que la bodega ha abandonado la elaboración de crianzas para centrarse exclusivamente en reservas y grandes reservas, manteniendo además hasta ocho cosechas en stock antes de su salida al mercado.

La cata permitió descubrir dos referencias emblemáticas de la casa: Viña Ardanza Selección Especial 2001 y Viña Alberdi Selección Especial 2021, presentado comercialmente hace apenas unas semanas.

Volver a las raíces para construir el futuro

La segunda conversación correspondió a Javier Cornadó, de Señorío de Líbano, quien presentó la ponencia «Raíces del futuro». Cornadó repasó la evolución de este proyecto familiar de Sajazarra, actualmente en manos de la tercera generación, y reivindicó una filosofía basada en la calidad antes que en el crecimiento.

El responsable de la bodega explicó que la familia nunca ha buscado una gran presencia comercial y que su prioridad ha sido siempre elaborar vinos capaces de reflejar la personalidad de Sajazarra. Tras la crisis de 2008, el proyecto inició un proceso de retorno a sus orígenes que culminó con la renovación del viñedo, una revisión de la estrategia empresarial y una apuesta más decidida por la identidad local.

Según explicó, los vinos han evolucionado mediante la incorporación de nuevas barricas, especialmente francesas, pero sin perder el carácter que históricamente ha definido a la bodega. La nueva generación trabaja además para reforzar la identificación de sus vinos con el municipio y el paisaje que los rodea, convencida de que el futuro pasa por diferenciarse a través del territorio.

Los asistentes cataron Castillo de Sajazarra Reserva 2019, representante del estilo clásico de la casa, y Laroma 2022, una nueva referencia procedente de la parcela Villa Seca y criada íntegramente en barrica francesa.

  El vino como interpretación del viñedo

La tercera intervención estuvo protagonizada por Javier Bañales, director general de Martínez Lacuesta, quien presentó la ponencia «Fruto de la vid y del trabajo del hombre». Durante su exposición definió a la histórica bodega harense como una casa de «afinadores de vino» y defendió una concepción de la enología basada en la interpretación del viñedo.

«El viñedo está ahí, pero necesita de un ser humano que lo interprete y le dé forma», afirmó Bañales, quien comparó el trabajo del enólogo con el de un artesano que moldea una pieza única. Para el responsable de Martínez Lacuesta, la coherencia entre lo que una bodega es, lo que hace y lo que comunica constituye uno de los pilares fundamentales de cualquier proyecto vitivinícola.

Bañales reivindicó el estilo tradicional de Haro, basado en vinos finos, elegantes y accesibles desde su juventud, y recordó que «hay que vender historias y personas, no taninos». También destacó la importancia del tiempo en la crianza y defendió que un vino fácil de beber no tiene por qué ser un vino simple.

Durante la cata se presentaron La Centenaria Martínez Lacuesta 2022, una visión más contemporánea marcada por la frescura y la precisión, y Martínez Lacuesta Gran Reserva 2005, ejemplo de la filosofía clásica de Rioja que ha acompañado a la bodega durante generaciones.

Quel y la Rioja recóndita

La última de las conversaciones corrió a cargo de Pablo García Mancha, de Bodegas Queirón, con la ponencia «Quel, Queirón, Rioja recóndita». Su intervención estuvo centrada en la recuperación de la identidad histórica de Quel y en la reivindicación de un territorio que durante décadas ha permanecido en un segundo plano dentro de la denominación.

García Mancha recordó que la localidad cuenta con referencias documentales desde 1327 y destacó el valor patrimonial de enclaves como Contrebia Leucade, donde se encuentran algunos de los lagares más antiguos de Rioja. También explicó cómo la llegada de la garnacha desde Aragón tras la crisis del oídio contribuyó a configurar la identidad vitícola de la zona.

«Si Ontañón es Rioja, Queirón es Quel», afirmó para resumir la filosofía de un proyecto que busca expresar el carácter de su municipio a través del vino. La bodega trabaja en la recuperación y puesta en valor de un patrimonio histórico, paisajístico y cultural que considera esencial para entender el potencial de la Rioja Oriental.

La cata final estuvo protagonizada por Mi Lugar Blanco 2022 y Mi Lugar Tinto 2021, dos vinos concebidos para reflejar la personalidad del territorio y la singularidad de Quel.

Durante la jornada también se recordó que ya está abierto el plazo de inscripción para la segunda edición del Máster de Sumillería, que comenzará el próximo mes de septiembre y que busca seguir formando especialistas para ámbitos como la hostelería, la distribución, las bodegas y el enoturismo.

Con este primer encuentro, el ciclo «El Vino» inicia un recorrido que pretende consolidarse como un foro estable de diálogo, formación y reflexión sobre los grandes desafíos que marcarán el futuro del vino en La Rioja.