Concentra el 26,8 % del viñedo de Rioja Alavesa y más del 5 % del total de la DOCa Rioja, en un territorio donde siglos de historia, patrimonio y conocimiento bodeguero dan forma a vinos con identidad propia

Texto: Mirian Terroba
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Hablar de Laguardia es hablar de vino. Situada en el corazón de Rioja Alavesa y protegida por la Sierra de Cantabria, esta villa medieval ha construido durante siglos una estrecha relación con el viñedo hasta convertirse en uno de los territorios de mayor peso dentro de la Denominación de Origen Calificada (DOCa) Rioja.

Laguardia es un poco el corazón de la comarca de Rioja Alavesa”, afirma Iker Madrid, de Bodegas Casa Primicia, una frase que resume la importancia histórica y vitivinícola de una localidad que ha sabido mantener su identidad a través del vino. Fundada sobre una colina y rodeada de viñedos, la villa ha desarrollado una cultura vitivinícola profundamente ligada al paisaje, al patrimonio y a una forma de entender la elaboración basada en el origen.

Un territorio estratégico dentro de la DOCa Rioja

Los datos del Consejo Regulador de la DOCa Rioja correspondientes a 2025 confirman la dimensión vitivinícola de Laguardia. El municipio cuenta con 3.498,08 hectáreas de viñedo inscrito, de las cuales 3.259,16 hectáreas corresponden a variedades tintas y 238,92 hectáreas a variedades blancas.

Esta superficie representa el 5,39 % del viñedo inscrito de la DOCa Rioja, que alcanza las 64.921,72 hectáreas. Pero la relevancia de Laguardia se aprecia todavía más dentro de su territorio de referencia: Rioja Alavesa. La superficie inscrita en Álava asciende a 13.040,75 hectáreas, de las que Laguardia reúne el 26,82 %, es decir, más de una cuarta parte del viñedo alavés se encuentra en su término municipal.

Estos datos reflejan el papel estratégico de Laguardia dentro de la denominación y consolidan a la localidad como uno de los grandes centros vitivinícolas de Rioja Alavesa, tanto por extensión de viñedo como por tradición elaboradora, concentración bodeguera y prestigio enológico.

Con una superficie municipal de 81,08 kilómetros cuadrados y situada a 630 metros de altitud, Laguardia reúne unas condiciones naturales privilegiadas para el cultivo de la vid. Los suelos arcillo-calcáreos y la protección que ejerce la Sierra de Cantabria frente a los vientos del norte favorecen una maduración lenta y equilibrada de la uva.

Precisamente esta ubicación es uno de los factores que Madrid considera determinantes para explicar la personalidad del territorio. “Hemos sido unos privilegiados porque estamos un poco resguardados por la sierra”, señala, destacando un microclima que permite desarrollar una viticultura con carácter propio.

La dimensión vitivinícola de Laguardia también se refleja en su tejido empresarial. Según la estadística del Consejo Regulador correspondiente a 2025, el municipio cuenta con 57 bodegas inscritas en la DOCa Rioja, una cifra que representa aproximadamente el 8,9 % de las 640 bodegas contabilizadas en la denominación.

Esta concentración confirma el peso de Laguardia como uno de los principales núcleos bodegueros de Rioja Alavesa. Grandes firmas de prestigio internacional conviven con bodegas familiares que mantienen viva una tradición transmitida de generación en generación.

Esta diversidad empresarial es una de las fortalezas del municipio, donde conviven proyectos históricos y nuevas iniciativas centradas en la expresión del viñedo, la diferenciación por origen y la búsqueda de vinos con mayor identidad territorial.

Pero si hay un elemento que distingue a Laguardia de otros municipios vitivinícolas es el patrimonio que se esconde bajo sus calles. El casco histórico conserva más de 232 bodegas subterráneas o calados históricos, excavados entre los siglos XII y XVI para elaborar y conservar el vino aprovechando la temperatura constante del subsuelo.

Este entramado de galerías y bodegas constituye uno de los conjuntos de arquitectura vinícola subterránea más singulares de Europa y demuestra hasta qué punto el vino forma parte de la historia y de la identidad de la localidad.

Identidad propia

La personalidad de los vinos de Laguardia nace de una combinación de factores naturales y humanos: un paisaje de viñedos en terrazas, suelos mayoritariamente arcillo-calcáreos, una climatología marcada por la influencia atlántica y la tradición de generaciones de viticultores.

El resultado son vinos reconocidos por su elegancia, equilibrio y capacidad de envejecimiento dentro de la DOCa Rioja.

La variedad protagonista es la Tempranillo, que encuentra en este territorio unas condiciones óptimas para desarrollar vinos con estructura, intensidad aromática y buena acidez. Sus perfiles suelen mostrar fruta roja y negra, notas especiadas, taninos finos y una gran capacidad de evolución con la crianza.

Junto al Tempranillo, los viticultores mantienen variedades tradicionales como Graciano, Garnacha y Mazuelo, que aportan complejidad y frescura. En blancos destacan variedades como Viura y Tempranillo Blanco.

Los vinos de Laguardia representan una interpretación de Rioja Alavesa basada en la finura frente a la potencia, donde el equilibrio entre fruta, suelo y madera adquiere un papel protagonista. Son vinos que buscan transmitir el paisaje y la personalidad de cada parcela.

Uno de los grandes valores del municipio es su patrimonio de viñas viejas, muchas de ellas cultivadas en vaso y con bajos rendimientos. Estas parcelas históricas han impulsado una nueva generación de vinos donde el concepto de terruño adquiere cada vez mayor importancia.

La recuperación de viñedos antiguos, los vinos de parcela, la menor intervención en bodega y la apuesta por los vinos de municipio reflejan una evolución del sector hacia elaboraciones con una identidad geográfica más marcada.

El valor de un territorio

Además de su dimensión productiva, Laguardia ha sabido convertir su patrimonio vitivinícola en una experiencia turística. Sus bodegas, sus calados históricos y su casco medieval han transformado la localidad en uno de los destinos enoturísticos más reconocidos.

“El enoturismo va en positivo y esperemos que continúe creciendo tanto en valor como en volumen”, explica Iker Madrid, quien considera que la combinación de vino, patrimonio y paisaje constituye uno de los grandes activos de futuro del municipio.

Cada año miles de visitantes recorren sus viñedos, participan en catas y descubren una localidad donde la cultura del vino está presente en cada calle, cada bodega y cada rincón del casco histórico.

En un contexto de creciente demanda de vinos ligados a su territorio, Laguardia representa uno de los grandes modelos vitivinícolas de Rioja Alavesa. Su paisaje de viñedos, la singularidad de sus bodegas y el conocimiento acumulado durante generaciones explican la personalidad de un municipio estrechamente vinculado al vino.

Para Iker Madrid, el valor de Laguardia va más allá de los datos: “Tiene un encanto especial, una historia y un microclima muy adecuado, donde todavía existe capacidad para hacer cosas muy bonitas y muy buenas”.

Una reflexión que resume el espíritu de un territorio donde el viñedo, el patrimonio y las nuevas generaciones de bodegueros siguen construyendo el futuro del vino.

Casa Primicia, raíces con futuro

Si Laguardia es uno de los grandes símbolos vitivinícolas de Rioja Alavesa, Bodegas Casa Primicia representa la unión entre patrimonio, tradición familiar y evolución del sector.

Su historia está ligada a uno de los edificios más singulares de la villa: la Casa Primicia, una antigua bodega del siglo XV vinculada a la Iglesia y a la recaudación de diezmos y primicias de la comarca. “En nuestro caso, la historia está ahí”, explica Iker Madrid, representante de la tercera generación de la familia al frente de la bodega. (Ver mas)

 

Reportaje publicado en el nº 255 de La Prensa del Rioja

La Prensa del Rioja – 255