Mesa redeonda “Repensar el enoturismo: experiencia, sostenibilidad y la nueva generación de viajeros”

La viticultura regenerativa, las nuevas narrativas, la experiencia enoturística y el relevo generacional centraron el debate del encuentro internacional que reunió a más de 200 jóvenes profesionales en Vitoria

 

Texto: Mirian Terroba
redaccion@laprensadelrioja.com

 

El papel estructural del talento joven en la transformación del sector adquiere especial relevancia en un momento en el que el vino atraviesa un proceso de cambio que va más allá de lo técnico o lo productivo. En un contexto marcado por el cambio climático, la evolución de los hábitos de consumo y la redefinición de los códigos culturales, el sector se enfrenta a una cuestión de fondo: cómo seguir siendo relevante sin perder su identidad. En este escenario, se pone en valor la capacidad de las nuevas generaciones para generar impacto incluso en contextos de incertidumbre, entendiendo su papel no como una cuestión generacional, sino como un factor estratégico en la evolución del vino contemporáneo.

Estas reflexiones, recogidas por la organización, estuvieron en el centro de la primera edición de Wine Shapers, celebrada el pasado 5 de marzo en Vitoria. El encuentro, impulsado por EDA Drinks & Wine Campus y Basque Culinary Center, con el apoyo del Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Álava, reunió a más de 200 profesionales internacionales del sector vitivinícola —en su mayoría menores de 40 años— procedentes de países como Francia, Italia, Argentina, México o China.

Lejos de un formato convencional de congreso, la jornada se articuló como un espacio de debate y contraste de ideas en torno a los principales retos del sector, con especial atención a la viticultura regenerativa, la evolución del consumo y el papel creciente del enoturismo como herramienta estratégica.

Más que ofrecer soluciones definitivas, Wine Shapers puso de manifiesto que el sector se encuentra en un momento de reformulación, con preguntas aún abiertas sobre la adaptación al cambio climático, la relevancia cultural del vino y el equilibrio entre tradición e innovación. El encuentro reforzó la idea de que el vino atraviesa un proceso de redefinición en el que el diálogo entre generaciones, territorios y disciplinas será clave para su evolución futura. En este contexto, el valor del vino sigue estando ligado a su origen, así como a la manera en que ese origen se interpreta, se comunica y se comparte.

Reinterpretar el territorio

Uno de los debates centrales giró en torno a la viticultura regenerativa, abordado en la mesa “Viticultura regenerativa: más allá de la sostenibilidad”, con la participación de productores como Carlos López de Lacalle (Artadi), Roc Gramona (Gramona), Paul Chevreux (Vizinho Vinhateiro), Ana Laura Rodríguez (Puerta del Lobo) y Santiago del Pópolo (PerSé), bajo la moderación de Gonzaga Santesteban.

Más allá de definiciones cerradas, la conversación evidenció una cierta incomodidad con la simplificación del concepto en etiquetas o certificaciones. Frente a la tentación de estandarizar prácticas o discursos, los participantes coincidieron en reivindicar una aproximación basada en la observación, el conocimiento del viñedo y la adaptación constante. En este contexto, la regeneración no se entiende como un conjunto de prácticas replicables, sino como una forma de relación con el entorno que exige experiencia y, sobre todo, humildad.

Desde distintas realidades vitivinícolas, se apuntó a una idea transversal: avanzar hacia el futuro del vino pasa, en gran medida, por reinterpretar el pasado en un escenario climático, cultural y técnico profundamente distinto. En este marco, equilibrio, flexibilidad y coherencia territorial se perfilan como elementos clave para la viticultura del futuro.

Nuevas narrativas para un consumo en transformación

El cambio no se limita al viñedo. La mesa “Replantea el vino: cómo una nueva generación está cambiando las reglas”, con perfiles como Federica Boffa (Pio Cesare), Neza Skrt (Aiurri), Charly Gotchac (Indiano), Ian Hongjing Dai (XiaoPu) o Manu Michelini (Michelini, Michelini & Mufatto), moderados por la periodista Amaya Cervera (Spanish Wine Lover), puso el foco en la evolución del relato y del consumo.

Para los ponentes, el cambio generacional no se articula en términos de ruptura, sino de desplazamiento del foco. La innovación ya no pasa tanto por nuevas técnicas como por nuevas formas de interpretar el origen, el legado y el propio papel del productor. Frente a estructuras más jerárquicas o modelos cerrados, esta generación introduce una lógica más permeable: combina tradición y movilidad internacional, cuestiona inercias locales y, sobre todo, incorpora la colaboración como herramienta operativa, no solo discursiva.

Uno de los puntos clave del debate fue el desplazamiento del vino en los contextos sociales cotidianos, especialmente entre públicos jóvenes. El reto, por tanto, no es únicamente cuantitativo, sino cultural: recuperar relevancia en un ecosistema donde compite con nuevas formas de ocio y consumo.

En este escenario, la comunicación emerge como herramienta estratégica, aunque con matices. Las redes sociales permiten amplificar proyectos y conectar con audiencias globales, pero no sustituyen el valor de la experiencia directa. La creación de vínculos —a través del contacto con el productor, el territorio o la historia detrás de cada vino— sigue siendo el elemento diferencial capaz de generar conexión real. En última instancia, es esa relación la que convierte al consumidor en embajador.

Enoturismo: de actividad complementaria a eje estratégico

El tercer eje de debate, abordado en la mesa “Repensar el enoturismo: experiencia, sostenibilidad y la nueva generación de viajeros”, evidenció un cambio estructural en la forma de entender esta actividad. Con participantes como Rocío Sánchez Mahave (Baigorri), Jesús Rivera (Vinos El Cielo), Paloma Sénéclauze (Château Marquis de Terme), Ester Cardús (Llopart) y Filip Rossi (Rossi Winery), la conversación, moderada por David Mora (consultor de turismo gastronómico, Basque Culinary Center),  giró en torno a la necesidad de diseñar experiencias centradas en el visitante.

La mesa puso de manifiesto que el enoturismo ha dejado de ser un complemento para convertirse en un eje estratégico para las bodegas. La sostenibilidad, en este contexto, ya no se plantea como un argumento comercial, sino como una condición estructural vinculada al largo plazo y, en muchos casos, integrada en la propia cultura de las bodegas.

Al mismo tiempo, el cambio en el perfil del visitante obliga a adoptar enfoques más flexibles, en los que la experiencia se diseña de forma cada vez más personalizada y el objetivo ya no es solo atraer, sino también retener y generar conexión. En este marco, la tecnología aparece como una herramienta útil, pero subordinada a la relación directa, que sigue siendo el principal elemento diferencial, sin perder de vista el origen y las personas como verdaderos vectores de valor.

En un entorno cada vez más competitivo, el éxito del enoturismo no dependerá tanto de la espectacularidad de la oferta como de su autenticidad, de su capacidad para emocionar y de mantener un vínculo creíble entre paisaje, vino y experiencia.

Jóvenes elaboradoras como Lucía Abando (Las Orcas), Ángela Bello (Bello Berganzo), Judit Valdelana (Valdelana), Carmen Fernández (Carmen F. Uriarte), Andrea Vuelta (Baynos), Neza Skrt (Aiurri), Haizea Aretxabaleta (Magalarte Zamudio), Miren Martínez (Luberri), Maider Rezabal (Rezabal) y Jade Gross (Jade Gross) presentaron sus vinos en el encuentro.

Una generación que desplaza el foco

Buena parte de estas transformaciones están impulsadas por una nueva generación de profesionales que no plantea una ruptura con el pasado, sino un cambio de enfoque. Frente a modelos más jerárquicos, emerge una lógica más abierta, en la que la colaboración, la movilidad internacional y la reinterpretación del legado adquieren un papel central.

Más allá de las mesas de debate, la jornada incorporó también un espacio dedicado al talento local, en el que varias jóvenes elaboradoras de Rioja Alavesa y de zonas productoras de txakoli presentaron sus propios vinos. Lucía Abando (Las Orcas), Ángela Bello (Bello Berganzo), Judit Valdelana (Valdelana), Carmen Fernández (Carmen F. Uriarte), Andrea Vuelta (Baynos), Neza Skrt (Aiurri), Haizea Aretxabaleta (Magalarte Zamudio), Miren Martínez (Luberri), Maider Rezabal (Rezabal) y Jade Gross (Jade Gross) protagonizaron este momento, que permitió trasladar al plano práctico muchas de las ideas debatidas a lo largo del encuentro. La presentación de sus vinos se enmarca, además, en el propio planteamiento de Wine Shapers como plataforma para visibilizar talento emergente y dar a conocer proyectos de nuevas generaciones del sector.

Este espacio reforzó uno de los mensajes transversales del encuentro: el talento local como motor de futuro. A través de sus propuestas, estas elaboradoras evidenciaron una manera de entender el vino en la que territorio, identidad y narrativa se articulan desde una mirada contemporánea, conectada tanto con el contexto global como con las raíces propias.

En este contexto, la innovación no se define únicamente por la incorporación de nuevas técnicas, sino por la capacidad de cuestionar inercias, reformular narrativas y conectar con públicos diversos.