Cata del Barrio de la Estación de Haro

Del vino a la gastronomía, las celebraciones de Rioja han evolucionado hasta convertirse en una red de experiencias que promociona el territorio, pone en valor su patrimonio y dinamiza sus pueblos

Texto: Mirian Terroba
redaccion@laprensadelrioja.com

El calendario festivo de la Denominación de Origen Calificada Rioja es hoy mucho más que una sucesión de celebraciones. Constituye una red de experiencias que permite descubrir el territorio desde perspectivas muy diferentes. Las grandes fiestas históricas mantienen viva la tradición y continúan siendo referentes internacionales. A su lado, una nueva generación de eventos festivos demuestra que el patrimonio, la gastronomía, el paisaje y la cultura pueden integrarse en propuestas capaces de atraer a un visitante que busca experiencias auténticas.

Rioja convierte sus pueblos en escenarios donde tradición, innovación, hospitalidad y cultura conviven durante todo el año. Lo que comenzó como un calendario ligado a la viticultura ha evolucionado hasta convertirse en una de las principales herramientas de promoción de la Denominación, capaz de explicar su identidad a través de sus paisajes, su patrimonio, su gastronomía y, por supuesto, sus vinos.

El fenómeno no responde a la casualidad. En las tres subzonas de la Denominación —Rioja Alta, Rioja Alavesa y Rioja Oriental— ayuntamientos, asociaciones, bodegas, cooperativas y colectivos locales impulsan cada año decenas de iniciativas con un objetivo común: atraer visitantes, diversificar la oferta turística, dinamizar el medio rural y reforzar la identidad de cada municipio.

De las fiestas tradicionales a las experiencias enoturísticas

El auge de los festivales del vino en Rioja tiene su origen en tres grandes celebraciones que han trascendido el ámbito local para convertirse en referentes de la Denominación. La Batalla del Vino de Haro, que se celebra cada 29 de junio, nacida de una antigua romería, es hoy una de las imágenes más reconocibles de Rioja y un potente reclamo turístico internacional. Las Fiestas de la Vendimia Riojana, en septiembre, coincidiendo con San Mateo en Logroño (21 de de septiembre) y el inicio de la vendimia, simbolizan el homenaje al trabajo de los viticultores y convierten el arranque de la cosecha en el gran escaparate institucional de la Denominación. Por su parte, la Batalla del Clarete de San Asensio, celebrada el domingo más próximo al 25 de julio, reivindica la identidad de este vino tradicional y pone en valor el histórico Barrio de las Bodegas. Las tres nacieron como celebraciones populares y, con el tiempo, se consolidaron como motores de promoción del territorio.

Sobre ese legado ha surgido en las dos últimas décadas una nueva generación de eventos que amplía el concepto de fiesta del vino. Ya no se trata solo de degustar, sino de descubrir el territorio a través del paisaje, el patrimonio, la gastronomía y el contacto directo con viticultores y bodegueros.

Batalla del Vino, en Haro

Antes incluso de que este modelo se extendiera por la Denominación, Ábalos abrió una senda que después seguirían muchos municipios. Sus Jornadas de Puertas Abiertas, impulsadas en 1997 por la Asociación de Mujeres de Ábalos, fueron una de las primeras iniciativas en abrir de forma coordinada las bodegas familiares al público para mostrar no solo sus vinos, sino también la historia y el patrimonio del municipio. Con visitas a bodegas centenarias, lagares rupestres, guardaviñas, catas y actividades divulgativas, la jornada sentó las bases de un modelo de enoturismo que hoy resulta habitual en Rioja, pero que entonces fue claramente pionero.

Fiesta de la Vendimia de Rioja Alavesa, que cada año se celebra en un municipio de la comarca.

Uno de los ejemplos más consolidados es Entreviñas, en Aldeanueva de Ebro. La feria, que se celebra en junio, combina catas, paseos entre viñedos, visitas a bodegas, gastronomía, conciertos, deporte y actividades familiares. Su filosofía va mucho más allá de la promoción de los vinos locales: busca mostrar el paisaje agrícola, la forma de vida de Rioja Oriental. El lema que ha acompañado algunas de sus ediciones —«hacer amigos con el vino»— resume bien ese espíritu.

La Fiesta de la Vendimia de Rioja Alavesa, creada en 1994, cambia cada año de sede para que un municipio diferente ejerza de anfitrión. Esta fórmula la ha convertido en una herramienta de promoción conjunta de toda la comarca, mostrando la diversidad de sus pueblos, sus bodegas y sus tradiciones. El acto del pisado de la uva y la degustación del primer mosto se complementan con un amplio programa de catas, gastronomía, mercados y actividades culturales que convierten la fiesta en un gran escaparate de Rioja Alavesa.

El Villabuena Wine Fest responde a un planteamiento diferente. En una localidad con una de las mayores concentraciones de bodegas por habitante del mundo, el pueblo entero se transforma en una bodega abierta. El visitante recorre las calles copa en mano, entra en las bodegas, conversa con los viticultores y descubre vinos de pequeños elaboradores en un ambiente cercano que busca poner rostro a quienes hay detrás de cada botella.

En Rioja Oriental, las jornadas del Barrio de Bodegas de Quel ejemplifican otra de las tendencias que ha cobrado fuerza en los últimos años: la recuperación del patrimonio vitivinícola como recurso turístico. La apertura de los antiguos calados y bodegas excavadas en el cerro permite descubrir cómo se elaboraba y conservaba tradicionalmente el vino, al tiempo que se reivindica un conjunto etnográfico de gran valor. Las visitas guiadas, las degustaciones y las actividades culturales convierten este singular barrio en un espacio vivo donde patrimonio, historia y vino se dan la mano.

Barrio de Bodegas de Quel

Un capítulo aparte merece el Barrio de la Estación de Haro, donde las seis bodegas históricas han convertido este enclave en un referente del enoturismo internacional gracias a un programa permanente de experiencias y citas como la Cata del Barrio de la Estación, en junio

En la misma línea se sitúan el Fuchu Wine Fest de Fuenmayor, que apuesta por una programación contemporánea de vino, cultura y gastronomía, o la feria Vicoca de Huércanos, donde el vino comparte protagonismo con otros productos agroalimentarios de calidad. En Rioja Oriental también destacan Bodegas en la Calle, en Alfaro, que acerca las bodegas al centro de la ciudad con degustaciones y actividades para todos los públicos, y Garnacha Sensaciones, en Tudelilla, un festival dedicado a reivindicar esta variedad histórica mediante catas, paseos entre viñedos y actividades divulgativas. Completan este mapa iniciativas en Uruñuela, Oyón-Oion, Labastida, Lapuebla de Labarca, San Vicente de la Sonsierra, Samaniego y otros muchos municipios que han encontrado en el vino una forma de proyectar su identidad.

Pisado popular de la uva de las fiestas de San Mateo en Logroño

Mucho más que vino

Aunque el vino sea el gran protagonista, la Denominación también se celebra a través de su gastronomía. Las celebraciones dedicadas a los productos de la tierra reflejan la extraordinaria riqueza agroalimentaria de Rioja y demuestran que la identidad del territorio también se construye desde la huerta, la ganadería y la despensa.

Las Jornadas de la Verdura de Calahorra, cada abril, han convertido las hortalizas riojanas en un referente gastronómico nacional. La ciudad acoge también la Feria de la Golmajería, dedicada a reivindicar el patrimonio repostero tradicional. En Autol, la Feria del Champiñón y la Seta, que se celebra en octubre, pone en valor uno de los grandes motores agrícolas de Rioja Oriental; mientras que la Feria de la Alubia de Anguiano, también en octubre, ensalza uno de los productos más emblemáticos de la sierra riojana.

A estas citas se suman las fiestas del primer aceite en Rioja Oriental, el Día del Ajo Asado de Arnedo, la Feria de la Cebolla Asada de Herce, la Feria del Queso de Munilla, el Día de la Ternera Asada de Enciso, la feria Fungitur de Pradejón o las numerosas jornadas dedicadas a las chuletillas al sarmiento, el lechón, los pimientos, las peras, las nueces, el huevo y otros productos tradicionales, además de las jornadas enogastronómicas del Valle de Ocón.

Agricultores, ganaderos, conserveras, almazaras, cooperativas y pequeños productores encuentran en estas celebraciones una oportunidad para dar a conocer sus productos y fortalecer el vínculo entre alimentación y territorio. En muchos casos, las degustaciones se acompañan de mercados artesanales, demostraciones culinarias, concursos gastronómicos, rutas de pinchos o talleres divulgativos, ampliando el atractivo para públicos muy diversos.

Patrimonio y futuro

Uno de los grandes cambios de los últimos años ha sido la recuperación del patrimonio vitivinícola como recurso turístico. Barrios de bodegas, calados, lagares rupestres, guardaviñas y antiguas prensas han dejado de ser vestigios del pasado para convertirse en escenarios de visitas, actividades culturales y experiencias que ayudan a comprender la historia y el paisaje de Rioja.

Más allá de sus diferencias, la mayoría de estas iniciativas comparten un mismo propósito: atraer visitantes durante todo el año, apoyar a bodegas y productores locales, conservar el patrimonio y generar actividad económica en los municipios. El vino deja así de ser únicamente un producto para convertirse en el hilo conductor de un relato que proyecta la identidad de Rioja a través de su paisaje, su cultura, su gastronomía y las personas que la hacen posible.