POLÍTICA DEL VINO I
TEXTO: Javier Pascual. Escritor especializado en comunicación vitivinícola
La próxima convocatoria electoral -que incluso ha inspirado la campaña de promoción institucional de Rioja en Madrid ‘Elecciones para todos los gustos’- es un buen motivo para descubrir el papel decisivo que jugaron “las influencias políticas del lobby riojano en Madrid” en favor del desarrollo de Rioja durante la segunda mitad del Siglo XIX y su conversión en la primera denominación de origen española. El despegue de los vinos de Rioja en esta época está directamente relacionado con la influencia que ejercieron en la política nacional y en la sociedad personajes oriundos o estrechamente relacionados con el territorio riojano, algo que no ha tenido parangón en ningún otro periodo histórico.
La aportación que representó la gran influencia política y social de figuras tan destacadas como Espartero y Sagasta al desarrollo del negocio vitivinícola riojano no ha sido objeto de valoración específica por los historiadores. Sin embargo, estos dos gobernantes y la cohorte de relevantes personajes que les rodeó, en buena parte con intereses en el sector vitivinícola, consiguieron dar notoriedad y proyección pública a la región riojana como productora de vinos de calidad. Defendieron ante la Administración del Estado cuantas medidas pudieran resultar beneficiosas para el desarrollo de la región y propiciaron, en definitiva, que Rioja alcanzara la posición de liderazgo que ha mantenido hasta la fecha.
Es la tesis que planteo en el libro conmemorativo del centenario de la DOCa Rioja a partir de la pregunta sobre cuáles fueron las claves del despegue definitivo de Rioja en la segunda mitad del Siglo XIX. Mucho antes de que Riscal o Murrieta comercializaran vinos embotellados, la prensa madrileña presentaba en 1851 la marca de vino ‘Duque de la Victoria’ como representativo “del nuevo estilo de vinos finos de Rioja estilo Mèdoc”, destinado fundamentalmente a la exportación al Reino Unido. El regente de Isabel II y duque de la Victoria, el general Baldomero Espartero, riojano de adopción por su matrimonio con la hacendada Jacinta Martínez de Sicilia, no solo apadrinó a Luciano de Murrieta en la creación de la bodega que lleva su nombre, sino que tuvo el prurito de comercializar su propia marca de vino, ‘Duque de la Victoria’. Visibilizar así la calidad de la producción vinícola riojana ante la sociedad española, apoyándose en la imagen de su máximo mandatario, suponía un gran salto cualitativo. Incluso cabe valorar muy positivamente en este sentido el papel jugado por Espartero durante su retiro en Logroño, a donde acudían a visitarle los poderes fácticos -incluido el nuevo rey Amadeo de Saboya-, lo que convirtió a la capital riojana en un foco de poder en años de intensa expansión vitícola.
También coincidió esta expansión de Rioja con la época en que el liberal riojano Práxedes Mateo Sagasta presidió el Gobierno de España en diversas etapas a lo largo de 40 años. La celebración esta semana en Logroño de un congreso sobre su figura con motivo del bicentenario de su nacimiento es una buena oportunidad para poner de relieve su contribución. El ferrocarril llegó a Rioja muy oportunamente para atender la demanda de las bodegas francesas, víctimas de la devastación filoxérica, y la Estación Enológica de Haro, creada en 1892, fue decisiva para impulsar la mejora de la calidad.
Durante los años del reinado isabelino y de la restauración se prodigan en el entorno de Espartero y Sagasta riojanos que ostentaron altos cargos políticos (diputados y senadores, ministerios, secretarías, subsecretarías…), como Salustiano Olózaga, Claudio Antón de Luzuriaga, José Álvarez de Toledo y Acuña (conde de Xiquena), Domingo Martínez de Pisón (marqués del Puerto), Joaquín José Osma, Víctor Cardenal Ruiz, José Gutiérrez de la Concha (marqués de la Habana), Domingo Dulce, Diego Fernández (marqués de Vallejo) y Manuel Orovio. El diputado general de Álava y ministro de Isabel II, Pedro Egaña, convirtió el proyecto del Mèdoc Alavés (1866) en una de sus prioridades y Joaquín Garralda Oñate, Marqués de Reinosa y Conde de Autol, autoleño de adopción y senador por Logroño, tuvo un papel destacado en la representación de los intereses de los cosecheros riojanos en Madrid en torno a 1900. Entre los empresarios y viticultores riojanos también encontramos ejemplos significativos de este tipo de personajes de perfil público que ejercieron su influencia, como Félix Martínez Lacuesta, que jugó un activo papel político tanto en el ámbito regional -presidente de la Diputación Provincial- como en el nacional, ya que fue el primer presidente de la Asociación Nacional de Vinicultores e Industrias derivadas del Vino creada en 1922. Entre otros, citamos a Arturo Marcelino, bodeguero y alcalde de Haro, Galo de Pobes Quintano, de la familia materna del Marqués de Vargas, el Marqués de Legarda, Antonio Fernández de Navarrete, vicepresidente de la Asociación de Agricultores de España y propietario de bodega en Rioja (Ábalos), al igual que Pedro de Govantes y Azcarraga, conde de Albay, otro influyente político con bodega en Briones que fue senador vitalicio y secretario de Estado.












