Bodegas Muga, Marqués de Vargas, el sumiller Federico de Moura y Conde de los Andes protagonizan EL VINO · ACTO II, una jornada dedicada a la memoria, la transmisión del conocimiento y los retos de las próximas generaciones del vino
Texto: Mirian Terroba
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¿Qué parte de quienes nos precedieron permanece en una botella, en una forma de trabajar el viñedo, en una técnica de servicio o en una conversación entre profesionales? Sobre estas preguntas, más que sobre variedades, puntuaciones o fichas de cata, giróla segunda edición de EL VINO · ACTO II, celebrada en el Centro de la Cultura del Rioja.
Impulsado por la Asociación Cultural Sumilleres de La Rioja y la Escuela de Sumillería de La Rioja, el encuentro reunió durante cuatro horas a sumilleres, bodegas, profesionales de la hostelería, alumnos y otros agentes del sector. Si el primer acto planteó una mirada hacia el presente y el futuro del vino, esta segunda convocatoria decidió detenerse en aquello que sustenta cualquier futuro: la memoria, el legado y la transmisión del conocimiento.
Cuatro conversaciones, acompañadas en cada caso por una cata a ciegas de dos vinos, construyeron un relato común. Una idea atravesó toda la jornada: nadie empieza de cero. El sector vitivinícola actual es, en buena medida, consecuencia de decisiones, conocimientos y caminos abiertos por quienes estuvieron antes.
Evolucionar sin perder la identidad
La jornada arrancó con Bodegas Muga y la conversación “Tradición en evolución: construyendo el futuro”, protagonizada por Juan Muga.
Tradición e innovación aparecieron durante el encuentro no como conceptos enfrentados, sino como dos caras de una misma necesidad: garantizar la continuidad de un proyecto sin convertir su identidad en una pieza de museo.
El trabajo en el viñedo, la sostenibilidad, la adaptación al cambio climático, la investigación, la evolución de los estilos de vino, los mercados internacionales y el papel de las nuevas generaciones formaron parte de una conversación que puso sobre la mesa una cuestión esencial para cualquier bodega con vocación de permanencia: qué debe conservarse y qué necesita cambiar para que una identidad siga teniendo sentido dentro de varias décadas.
La conclusión implícita fue clara: evolucionar no equivale necesariamente a renunciar a los orígenes. En ocasiones, es precisamente la forma de protegerlos.
Recibir, cuidar y entregar
Uno de los momentos más emotivos de la mañana llegó de la mano de Bodegas Marqués de Vargas, con “Lo que permanece”, una conversación protagonizada por María Vecino.
La historia familiar de la bodega, que se remonta a 1840, sirvió para abordar una concepción del viñedo que va más allá de la propiedad. La tierra aparece como algo que una generación recibe, cuida durante un tiempo y tiene la responsabilidad de entregar a la siguiente en las mejores condiciones posibles.
Desde esa perspectiva, el vino se convierte también en una forma de memoria. En una botella permanecen una añada que ya no existe, las decisiones tomadas en el viñedo, las personas que trabajaron esa tierra y una determinada manera de interpretar un lugar.
La conversación permitió recordar, además, a Ana Barrón, durante años directora técnica de Marqués de Vargas, cuya pérdida dejó una profunda huella tanto personal como profesional en la bodega.
Su legado continúa también a través de Graciela Palacios, que trabajó y se formó junto a ella antes de asumir posteriormente la dirección técnica. El relevo permitió abordar una cuestión que afecta a buena parte del sector: cómo se transmite el conocimiento dentro de un equipo y qué responsabilidad implica continuar el trabajo de quien nos precedió.
La idea que quedó flotando fue la de un legado entendido no como algo que deba conservarse intacto, sino como algo que debe cuidarse para poder seguir evolucionando.
Una profesión que nunca deja de aprender
El tercer capítulo trasladó la reflexión al terreno de la sumillería. El protagonista fue el sumiller Federico de Moura, con la conversación “El sumiller y su compromiso de superación”.
Formación continua, competición, entrenamiento, comunicación, gestión de la presión, curiosidad, humildad y generosidad profesional fueron algunos de los conceptos que aparecieron en una intervención que reivindicó una visión amplia de la profesión.
El conocimiento técnico, explicó Moura, es solo una parte del trabajo del sumiller. Escuchar al cliente, interpretar sus necesidades, comunicar, generar confianza y mantener una actitud permanente de aprendizaje forman igualmente parte de una profesión que cambia al mismo ritmo que lo hace el mundo del vino.
La conversación abordó asimismo el valor de compartir conocimiento entre compañeros. Frente a una visión de la sumillería excesivamente vinculada a la competición individual, la formación conjunta, los grupos de estudio y la generosidad profesional pueden convertirse en herramientas para elevar el nivel de todo el colectivo.
La memoria como herramienta para mirar hacia delante
El bloque de conversaciones se cerró con el enólogo de Bodegas Conde de los Andes, Chema Ryan, y “Memoria que mira al futuro”.
Sus históricos calados, sus antiguas añadas y un patrimonio vitivinícola construido a lo largo de siglos sirvieron como punto de partida para abordar otra de las grandes cuestiones planteadas durante la jornada: cómo custodiar una historia extraordinaria sin convertirla en algo inmóvil.
La recuperación y reinterpretación de ese patrimonio, el trabajo individualizado de las parcelas, las diferentes formas de crianza y la voluntad de elaborar vinos capaces de seguir evolucionando durante décadas formaron parte de una conversación en la que el pasado volvió a aparecer como una herramienta de conocimiento, no como un ejercicio de nostalgia.
Abrir hoy una botella elaborada hace muchas décadas permite comprender mejor de dónde viene Rioja. Pero también plantea una pregunta incómoda y estimulante para el presente: ¿qué vinos estamos elaborando hoy para que otras generaciones puedan mantener esa misma conversación dentro de cincuenta o cien años?
El recuerdo como parte del patrimonio del vino
El segundo acto de EL VINO tuvo su momento más simbólico al final de la jornada, con la proyección de un vídeo IN MEMORIAM dedicado a profesionales del vino y la gastronomía fallecidos en los últimos años.
Sumilleres, cocineros, enólogos, viticultores, bodegueros, periodistas gastronómicos y otros profesionales que contribuyeron desde diferentes ámbitos al desarrollo del sector fueron recordados en un homenaje que quiso evitar la solemnidad vacía para poner el acento en aquello que permanece.
La jornada concluyó con “Vinos y platos”, un espacio más distendido en el que los asistentes pudieron prolongar las conversaciones y degustar vinos de las bodegas colaboradoras de la Escuela de Sumillería de La Rioja.
Con su segunda edición, EL VINO refuerza su vocación de convertirse en un foro profesional de encuentro, pensamiento y conversación, complementario a la actividad técnica y formativa que desarrollan la Asociación Cultural Sumilleres de La Rioja y la Escuela de Sumillería de La Rioja.
Una apuesta por el futuro
El presidente de la Asociación Cultural Sumilleres de La Rioja, Chefe Paniego, reivindica también la vocación de EL VINO como espacio de debate. “Celebramos este segundo acto precisamente para poner sobre la mesa y sacar al debate las cuestiones que son importantes”, señaló, defendiendo una mirada que no se centre únicamente en los problemas del sector. “Bebemos mejor vino que nunca, descorchamos muchísimo en los restaurantes, compramos muchísimo vino y el vino está más vivo que nunca”, afirmó. Una realidad que, a su juicio, debe ponerse en valor “desde la honestidad y desde el respeto”.
Además, destaca la evolución de la Escuela de Sumillería de La Rioja, que ya suma 32 alumnos entre su primera y segunda promoción. El 85 % de los integrantes de la nueva promoción procede de la hostelería, un dato especialmente relevante por su futura incorporación a las salas. El primer curso, que acaba de finalizar, contó con más de 50 profesores, más de 800 vinos y productos catados y viajes formativos a Burdeos, Jerez, Portugal y Galicia.
El balance, asegura, ha sido “excepcional”, y ahora el objetivo es consolidar el proyecto con una mayor implicación de las bodegas y combinar el apoyo público con el privado. “Esto no ha hecho nada más que empezar”, concluye.













