Viñedo ecológico de Bodegas Clemente García
TIEMPO DE VINOS
Texto: Jorge Solana Aguado. Director de la Prensa del Rioja
jorge.solana@laprensadelrioja.com

Hablar hoy del Rioja es hablar, necesariamente, de sostenibilidad. No como un eslogan coyuntural ni como una concesión al discurso ambiental dominante, sino como una convicción estratégica que define el presente y, sobre todo, el futuro inmediato de nuestra denominación. A lo largo de estos años se han ido cambiando los métodos y sumando viticultores y bodegas a la convicción. En este 2026 que ya asoma con claridad, las bodegas de Rioja han entendido que cuidar la tierra es cuidar la calidad del vino y, en última instancia, proteger el prestigio de una marca construida durante generaciones.

La adopción de prácticas ecológicas en Rioja ya no es una excepción ni una moda pasajera. Es una tendencia sólida, transversal y creciente. Casos concretos en este sentido son Marqués de Riscal, Barón de Ley, Faustino, Campo Viejo. Y las bodegas, también es cierto que no encuentran el lugar de la promoción y comercialización diferenciadora. Aunque una gran parte de su producción cumple los requisitos para poder utilizar la certificación ecológica en sus etiquetados, no lo hacen, pues entienden que no les aporta un valor añadido a sus marcas. El consumidor empieza a mandar también aquí y la apuesta tiene que verse y promocionarse.

El compromiso de las bodegas tiene que tener su seguimiento en los viticultores con volumen de la producción total del 80%. Viticultura respetuosa con el suelo, reducción drástica de productos de síntesis, gestión eficiente del agua, fomento de la biodiversidad, energías renovables en bodega y una clara apuesta por la economía circular forman parte hoy del día a día. Las bodegas históricas y los nuevos proyectos trabajan con la sostenibilidad en su ADN.

Conviene subrayarlo: estas prácticas no solo responden a una responsabilidad ética con el entorno. Tienen un impacto directo y positivo en la calidad del vino. Viñedos más equilibrados, suelos vivos y ecosistemas sanos producen uvas más expresivas, más fieles a su origen y con mayor capacidad de reflejar el carácter de Rioja. La calidad, entendida en su sentido más amplio, empieza siempre en el viñedo. Todo lo de después también importa, no nos engañemos.

En este contexto, los Premios Ecovino se han consolidado como un referente imprescindible. Más allá del reconocimiento puntual, estos galardones cumplen una función clave: visibilizar el esfuerzo, el rigor técnico y la coherencia de las bodegas que apuestan de manera decidida por la producción ecológica. Desde nuestro punto de vista, Ecovino no premia solo un resultado en copa; premia una forma de entender el vino y su relación con la sociedad y el medio ambiente.

Rioja, como denominación líder, tiene una responsabilidad añadida. Lo que aquí se hace marca tendencia en otros lugares no solo de España sino del planeta. Y el mensaje que se está enviando es claro: se puede ser competitivo, innovador y rentable sin renunciar al respeto por la tierra. De hecho, cada vez resulta más evidente que no hay competitividad futura sin sostenibilidad real.

Hablaba la semana pasada de los consumidores y su volatilidad. El consumidor también ha cambiado. Es más informado, más exigente y más consciente del impacto de sus decisiones. Valora la calidad, sí, pero también la coherencia en la elaboración y producción ecológica. Rioja tiene que saber leer esa demanda y responder con hechos, no solo con palabras.

En definitiva, 2026 se perfila como un año clave para consolidar este rumbo. La sostenibilidad no es un destino al que se llega, sino un camino que se recorre cada día.