El mundo del vino a sorbos

Hace unas jornadas, en la presentación del libro “125 años Bodegas Franco-Españolas, testigo de la historia de Logroño” en la Universidad de La Rioja, comentaba su autor, José Luis Gómez Urdáñez como director de un equipo de investigadores que pocos son los libros que existen, no ya sobre bodegas, sino libros históricos sobre bodegas, que es más complicado porque supone la implicación de investigadores en una labor de buceo en papeles y documentos para poder constatar todo lo que en ellos se diga.

Texto: Antonio Egido

 

Motivado por este reto, le hemos pedido a nuestro buscador que nos localice “libros de bodegas con historia” para poder quedarnos con algunas de las páginas como la de ‘casadellibro.com’ en la que nos hacen la referencia del volumen “La Manzanilla: Historia y Cultura, las Bodegas de Sanlúcar” sobre el que nos comentan que “Hace ya un par de años, unos amigos que estuvieron de visita por tierras gaditanas me regalaron este libro de Ana María Gómez Díaz. Se titula: “La Manzanilla. Historia y Cultura. Las Bodegas de Sanlúcar”. Para un profano como yo en la materia, fue un placer leerlo en su día. Es ameno y a la vez didáctico, con datos bien precisos y documentados desde sus primeros capítulos que narran los orígenes de la viticultura en Sanlúcar, hasta los matices más culturales y folclóricos como la relación de la manzanilla con el flamenco y los toros. Todo ello sin dejar de lado aspectos más técnicos como los procesos de viticultura y vinificación, o más artísticos como la vinculación de la manzanilla con el arte, con un estupendo estudio gráfico de las etiquetas y carteles publicitarios. Tampoco deja de lado aspectos más polémicos como la etimología del término “manzanilla”, incluso lo que la autora llama el carácter “femenino” de la manzanilla refiriéndose al frecuente binomio manzanilla-mujer; en los nombres, en las imágenes, en la publicidad, en la literatura, en el terreno empresarial, en la sociedad misma. Al final, un capítulo dedicado a cada una de las bodegas sanluqueñas que comercializan manzanilla, con una completa historia de su devenir en el tiempo y con algunos datos curiosos en cuanto a producción y exportación. Nada menos que 16 bodegas en orden alfabético desde Barbadillo a Pedro Romero”.

En ‘dialogosdelduero.com’ nos encontramos con el libro “Viñedo, vino y bodegas en la historia de Aranda de Duero” de los autores Javier Iglesia Berzosa y Alberto Villahoz, del que nos indican que es “lectura obligada para todos aquellos que deseen profundizar, por profesión o curiosidad, en estos contenidos. En el citado libro se recogen infinidad de informes y nombres, así como un detallado anexo tipográfico de cada una de las bodegas. De él hemos aprovechado algunos datos e ideas, queriendo agradecer a sus autores el desinteresado permiso para completar este trabajo.

Han circulado ciertos mitos sobre la época de excavación, sus autores y la finalidad, que son fácilmente desmontables. Las bodegas de Aranda se construyeron desde finales del siglo XIII por  “los cristianos” y no por los “romanos o moros” para almacenar, en las condiciones más propicias, el vino producido, entonces, en grandes cantidades y no para refugiarse en las guerras o salir de la villa bajo las murallas. En Aranda, como en Roa, se hicieron dentro del casco urbano, cosa que no ocurrió en otras poblaciones en las que aprovecharon, su había, las colinas circundantes”.

Finalmente nos detenemos en ‘bodegasdeluruguay.com.uy’, atraídos por el titular: “Un nuevo libro cuenta la historia de la bodega Faraut, una manera de mantener viva la memoria de los pioneros” donde nos reseñan la aparición del libro “La bodega Faraut – Historia de una empresa vitivinícola, sus trabajadores y una comunidad (Uruguay 1892-2002)” de Daniele Bonfanti y Mariana Viera Cherro. Se trata de un emprendimiento del que participaron la Fundación Zonamerica y la Universidad de la República.

La memoria de los pioneros de la vitivinicultura uruguaya debe preservarse como un valor referencial insoslayable a la hora de proyectar, como se pretende, el vino a todo el país y al exterior. A los nombres de Pascual Harriague y Francisco Vidiella hay que sumar muchos otros sin los que la excelencia que detentan muchos de los vinos elaborados hoy en nuestro país no hubiese sido alcanzada.

El apellido Faraut, que dio nombre al emprendimiento vitivinícola y la comunidad que se generó a su alrededor y cuya actividad se extendió durante más de un siglo, es uno de los que deben ser rescatados del olvido para las futuras generaciones de uruguayos, en particular de los que quieran habitar el singular mundo del vino”.

Una buena muestra para los que seguimos pensando que hay que contar historias del mundo del vino en este amplio mercado del enoturismo, pero también debemos detenernos en las historias de las bodegas, porque de una forma u otra, siempre van a estar relacionadas con la de la propia sociedad en la que se asientan. Feliz lectura.