Imagen de la campaña 'Vívete un Rioja'.

La Denominación de Origen Rioja celebra en 2025 su centenario, una historia que ha estado marcada por decisiones clave que han consolidado a la región vinícola como una de las más prestigiosas del mundo

Texto: Mirian Terroba
redaccion@laprensadelrioja.com

A pesar de que el cultivo de las primeras vides en Rioja se remonta a la época romana, el nacimiento de la Denominación de Origen como tal celebra ahora su centenario. En el transcurso de un siglo, Rioja ha demostrado no solo su capacidad para adaptarse a los cambios, sino también para ser pionera en la regulación de la viticultura y la vinificación. Desde la creación de su reglamento en 1925 hasta la reciente consolidación de nuevas estrategias comerciales, la evolución de esta denominación ha sido un claro ejemplo de adaptación y liderazgo en la industria del vino. Rioja ha sabido enfrentar diversos retos económicos, sociales y climáticos, siempre con la visión de ofrecer vinos de calidad que representen su terroir único.

Con motivo del centenario de la Denominación de Origen Rioja, José Luis Lapuente, director general del Consejo Regulador de Rioja, ha repasado los momentos clave que han forjado la historia de esta región vinícola única, destacando que “Rioja ha hecho muchas cosas antes de que se conviertan en habituales, lo cual reivindica ese carácter de liderazgo y pionero al afrontar problemas y soluciones antes de que lo hayan tenido que hacer los demás”.

1924: Creación de la Primera DO de España

En 1924, se sentaron las bases de lo que sería la creación de la primera Denominación de Origen de España. El «pacto entre desiguales» fue un acuerdo histórico entre viticultores, bodegueros y productores, quienes, aunque con intereses diferentes, coincidían en la necesidad de regular y proteger la calidad del vino de la región.
A pesar de que la figura de la DO aún no estaba plenamente consolidada y regulada, este pacto permitió gestionar un momento de éxito vinícola y estableció los cimientos para el nacimiento de la DO Rioja en 1925. Ese pacto dio paso a la creación de la primera Denominación de Origen de España. No era la regulación perfecta, pero marcó un antes y un después.

1928: Primer reglamento de Rioja

En 1928, Rioja dio un paso esencial con la creación de su primer reglamento. No solo fue un avance legal, sino también un paso hacia la consolidación de una identidad de marca. Este documento formalizó las pautas sobre la procedencia del vino, asegurando que solo aquellos productos elaborados dentro de los límites geográficos definidos y bajo las condiciones especificadas pudieran llevar el nombre de Rioja.
Este reglamento representó el primer intento serio de regular la calidad del vino y proteger su origen, algo que se mantendría a lo largo de los años con posteriores ajustes y modificaciones.

1935: El Caso de Jerez

Durante la década de 1930, el Consejo Regulador de Rioja continuó promoviendo la diferenciación de la región mediante una legislación que exigía una mayor identificación de los vinos.

En 1935, la región de Jerez adoptó su propio reglamento vinícola, marcando un precedente importante, pero Rioja ya estaba un paso adelante. Fue el reglamento de Rioja el que marcó el camino para las demás regiones vinícolas en España y sirvió de modelo para otras denominaciones, incluida la de Jerez, que no alcanzaron el nivel de detalle y regulación que Rioja había establecido anteriormente.

Desde el inicio, Rioja se propuso establecer no solo un control sobre la procedencia del vino, sino también un sistema que asegurara la calidad del producto final. La obsesión por la trazabilidad y la protección del origen de Rioja era la base del proyecto. Se sentaron las bases de lo que hoy entendemos como una verdadera Denominación de Origen.

1974: Certificación de Crianza, un hito en la regulación de la calidad

La certificación de crianza introducida en 1974 representó un hito clave en la historia de la DO Rioja y fue una de las decisiones más acertadas de los años 70. Permitió que los consumidores comprendieran de manera clara las diferencias entre los vinos, lo que ayudó a consolidar la reputación de Rioja como una región que no solo protegía su origen, sino que también garantizaba la calidad a lo largo del tiempo.
Este sistema de clasificación permitió categorizar los vinos según su tiempo de envejecimiento en barrica, lo que generó una diferenciación clara entre los distintos tipos de vino: joven, crianza, reserva y gran reserva. Esta certificación no solo dio un valor añadido a los productos de Rioja, sino que también permitió establecer una relación directa con el consumidor en cuanto a la calidad y características de cada vino.

1980: Impulso al desarrollo de categorías y control de añadas

En 1980, Rioja dio un importante paso hacia la sofisticación de su clasificación con el desarrollo de un sistema de control de añadas y el impulso de las categorías de calidad. Este paso marcó el inicio de una estructura más precisa y organizada de clasificación. Controlar las añadas permitió no solo proteger la calidad de los vinos, sino también mejorar la confianza del consumidor en los productos de Rioja.
La clasificación de vinos, con sus categorías de crianza, reserva y gran reserva, se complementó con un control más riguroso de las añadas, lo que permitió que cada vino estuviera asociado a un año de cosecha específico. Esto favoreció la trazabilidad y la percepción de la calidad en función del clima y las condiciones de cada vendimia.

1985: Control cualitativo y calificación exhaustiva

En 1985, Rioja implementó un sistema de control cualitativo más exhaustivo, con la creación de un sistema de calificación para los vinos antes de su comercialización. Fue esencial para consolidar la excelencia de Rioja. A partir de ese momento, comenzó a distinguirse por la rigurosidad con la que evaluaba cada vino, lo que le dio una gran ventaja competitiva.
A partir de este momento, se evaluaron los vinos según criterios muy estrictos, lo que garantizó que solo los productos de la más alta calidad pudieran salir al mercado bajo la etiqueta de la DO Rioja. Este sistema de calificación se convirtió en un pilar fundamental de la DO, asegurando que solo los mejores vinos tuvieran la oportunidad de representar a la región.

1991: Reconocimiento de la DO Calificada

El 1991 marcó el momento de mayor prestigio para la DO Rioja, cuando fue reconocida oficialmente como una «Denominación de Origen Calificada», un estatus superior dentro del sistema de denominaciones de origen español. Este reconocimiento elevó a Rioja a un nivel de exclusividad que reflejaba años de trabajo para garantizar la calidad de sus vinos. Este estatus se otorga solo a aquellas denominaciones de origen que demuestran un alto nivel de calidad constante durante décadas.
Fue un reflejo del esfuerzo de generaciones de viticultores y bodegueros. No solo consolidaba la calidad de Rioja, sino que también ponía a la Denominación en una posición de liderazgo en la viticultura mundial.

2000: Blindaje europeo del embotellado en origen

En 2000, Rioja consiguió un logro fundamental con la protección del embotellado en origen a nivel europeo. Una sentencia judicial determinó que solo el vino embotellado dentro de la región podía llevar el nombre de Rioja, lo que evitaba la comercialización de vino a granel fuera de la región. Esta decisión fue vital para proteger la integridad de la marca Rioja y garantizar que los consumidores tuvieran acceso solo a productos genuinos y auténticos.
La sentencia fue crucial para proteger el futuro de la DO Rioja. Aseguraba que el embotellado solo se realizara en la región, lo que aumentó su credibilidad en los mercados internacionales.

2004: Interprofesional del Vino de Rioja

En 2004, Rioja estableció la Interprofesional, una organización que unificó a todos los actores involucrados en la producción del vino, desde los viticultores hasta los bodegueros. Esta estructura permitió una representación económica y una participación más equitativa de todos los actores en las decisiones clave del Consejo Regulador, fortaleciendo la unidad y el compromiso con la DO.
Fue un paso clave para fortalecer la unidad dentro de Rioja. Permitió a todas las partes del sector tener voz y voto en las decisiones estratégicas, lo que permitió avanzar con un proyecto común.

2005: Proyección exterior y mercados

El segundo plan estratégico de Rioja, implementado en 2005, tuvo como foco principal el conocimiento de mercados internacionales y la proyección exterior. La internacionalización era clave para asegurar que Rioja se posicionara en los mercados internacionales de manera efectiva.

Este plan permitió que Rioja aumentara su presencia global, entendiera mejor las dinámicas de los mercados internacionales y adaptara su oferta a las necesidades del consumidor global.

2008-2009: La revolución blanca

En 2008 y 2009, Rioja dio un giro significativo con la ‘revolución blanca’, un movimiento que buscaba incrementar la producción y promoción de vinos blancos.
Aunque Rioja había sido históricamente reconocida por sus tintos, estos años vieron un crecimiento y un reconocimiento considerable de los vinos blancos de la región. Esta innovación permitió a Rioja diversificar su oferta y atraer a un público más amplio.
La revolución blanca fue una respuesta a las tendencias del mercado, pero también una forma de explorar todo el potencial de sus viñedos. Hoy, los blancos representan el 10% de nuestras ventas, un cambio significativo.

2017: Foco en el origen y el terroir

A partir de 2017, Rioja adoptó un enfoque más claro hacia la importancia del origen y el terroir en la producción de vino. Ha sido uno de los mayores avances en los últimos años. Los consumidores buscan autenticidad, y el terroir es precisamente lo que hace único a cada vino de Rioja.

Con ‘Viñedo Singular’, ‘Vino de Pueblo’ o ‘Vino de Zona’ se comenzó a poner énfasis en que cada vino de Rioja reflejara no solo la zona geográfica, sino también las características únicas del suelo, el clima y las prácticas vitivinícolas que diferenciaban a cada viñedo.

2020: Nuevos consumidores, digitalización y la sostenibilidad

El plan estratégico de 2020 se centró en adaptarse a las nuevas demandas del mercado, especialmente con los desafíos impuestos por la globalización y los cambios en los hábitos de consumo. Rioja continuó fortaleciendo su presencia en mercados internacionales y ajustando su oferta para captar a nuevas generaciones de consumidores, a través de la digitalización y la sostenibilidad.

El plan de 2020 fue un desafío para la DO, especialmente tras la pandemia, pero también una oportunidad para replantearse las estrategias. La sostenibilidad y la digitalización son ahora aspectos claves en la proyección hacia el futuro.

2023: Planes para la recuperación del equilibrio

A pesar de un año complicado como fue 2023, Rioja comenzó a implementar planes para recuperar el equilibrio tanto en la producción como en la comercialización del vino.
Con un ratio de producción más bajo debido a factores climáticos adversos, el sector ha estado trabajando en mejorar su resiliencia para afrontar futuros retos. Los datos de 2024 reflejan los frutos de esos esfuerzos.

2024: Vuelta al crecimiento

Finalmente, en 2024, Rioja experimentó un repunte en su producción y comercialización, superando los desafíos de 2023. Este año ha sido un símbolo de la recuperación y la estabilidad de la DO Rioja, que se enfrenta al futuro con optimismo.

Optimismo y compromiso con el futuro

Aunque el sector vitivinícola de Rioja se enfrenta a importantes desafíos, la capacidad de adaptación de Rioja ha quedado clara a lo largo de su trayectoria. Rioja sigue mirando hacia el futuro con optimismo y compromiso.

El centenario de la Denominación de Origen Rioja es más que una celebración de logros pasados: es el testimonio de una historia de adaptación, resiliencia e innovación. Con un fuerte enfoque en la calidad, el origen y la sostenibilidad, Rioja sigue adelante como una de las regiones vinícolas más importantes y respetadas del mundo, adaptándose constantemente a los cambios del mercado y al futuro del vino.