I SALÓN VINOS BLANCOS DE RIOJA 2026
Texto: Javier Pascual / Consejero Fundador de La Prensa del Rioja
Paradójicamente, la revolución que ha supuesto para la DOCa Rioja la diversificación de su oferta de vinos blancos en los últimos años ha sido también el detonante del redescubrimiento de los blancos clásicos por antonomasia. Son vinos elaborados mayoritariamente con la variedad viura y criados en barricas de roble, capaces de alcanzar una longevidad muy difícil de encontrar en otras partes del mundo. La crítica especializada, que ahora parece estar ‘redescubriendo’ la singularidad de estos vinos, ha pasado de obviarlos a elevar a lo más alto del podio a alguna de estas marcas históricas.
Volvemos a la edición especial de La Prensa del Rioja (Nº 81 de noviembre de 1994), que citábamos en el anterior artículo de esta serie sobre los vinos blancos de Rioja, en esta ocasión para rescatar el artículo sobre los vinos blancos de crianza que escribía Juan Carlos Sancha, uno de los técnicos pioneros en la investigación del patrimonio vitícola riojano. Durante aquellos años trabajaba con Fernando Martínez de Toda en la identificación de las variedades minoritarias de Rioja que acabarían siendo coprotagonistas de un futuro que ya es presente. Con el título “La originalidad de una tradición recuperada”, el entonces director de Bodegas Viña Ijalba se refería al progresivo abandono que había sufrido “un producto típico de Rioja como los blancos con crianza en madera” y constataba que los consumidores estaban redescubriéndolos “al hilo de la moda de los blancos fermentados en barrica”.
Fue la expresión de un deseo basado en sus incontestables argumentos sobre las ventajas diferenciales del producto, ya que la realidad del mercado y la valoración de los líderes de opinión tardaría aún bastantes años en situar a estos vinos en el lugar de honor que les corresponde. De hecho, Sancha consideraba que eran las propias bodegas las que debían “dar una oportunidad a los blancos de crianza, que forman parte de nuestras raíces y pueden aumentar el prestigio de nuestros vinos”. Así lo estamos viendo recientemente con el encumbramiento de algunas marcas clásicas tan emblemáticas como Viña Tondonia Blanco y Eldorado de Murrieta, junto a otras como Faustino I o Valserrano, grandes reservas de bodegas con amplia experiencia en el envejecimiento. Tras años en que apenas se mantenían como reliquias del pasado por parte de algunas bodegas, ahora se ha abierto la oportunidad de potenciar este estilo de vinos de reserva y gran reserva.
La seguridad de la viura y la barrica
Los comentarios de la veintena de periodistas especializados que reunió el Consejo Regulador en abril de 2018 para que pudieran comprobar la notable progresión experimentada por la oferta de vinos blancos de la DOCa Rioja resultaron bastante sorprendentes. La mayor muestra de vinos blancos de Rioja reunida hasta la fecha -221 vinos blancos de 115 bodegas de Rioja presentados en cata ciega- permitió comprobar a los 24 líderes de opinión asistentes la visión de futuro con que el Plan Estratégico de Rioja 2005–2020 había planteado el ambicioso objetivo de renovar la oferta de vinos blancos con la autorización de nuevas variedades.
Y, en efecto, mayoritariamente se valoró de forma satisfactoria la progresión experimentada por el nivel medio de calidad de los blancos de Rioja y el salto cualitativo que representaba la diversificación de la oferta. Pero, curiosamente, llamó la atención que los catadores resaltaran el carácter diferencial de los vinos que potencian sus cualidades a través de su paso por barrica. En la mayoría de estos vinos es la tradicional variedad viura la que sigue teniendo el mayor peso. Tal apreciación implicaba una reivindicación de esta variedad, que había sido en cierto modo ‘demonizada’ y culpada del escaso éxito de Rioja con sus vinos blancos por su “escaso perfil aromático y poco carácter”. Sin embargo, cuando las producciones son más cortas y de viñedos de cierta edad, esta variedad destaca por su excelente evolución en barrica y la complejidad que alcanza. Por otra parte, las preferencias mostradas por los catadores también suponían una reivindicación de lo que constituye el principal carácter diferencial de esta región vinícola y su seña de identidad: la crianza en barrica y la longevidad que sus vinos son capaces de alcanzar, muy notable en el caso de los blancos, como evidencian los botelleros de algunas marcas históricas.











