I SALÓN BLANCOS DE RIOJA 2026
Texto: Javier Pascual / Consejero Fundador de La Prensa del Rioja
La convicción del propio sector bodeguero sobre las posibilidades de elaborar grandes vinos blancos en Rioja ha sido el detonante de la actual eclosión, del mismo modo que durante décadas fue la falta de confianza -unida a otros factores- la que actuó como freno. En absoluto parecía que fuera a ser así cuando en la década de los ochenta se produjo la primera revolución blanca. Llegó de la mano de la enología, como no podía ser de otra manera en aquellos tiempos, y de las nuevas tecnologías que se implantaron en las bodegas, simbolizadas por la reconversión de los antiguos depósitos de cemento por el acero inoxidable y el control de la temperatura en las fermentaciones.
Rioja estrenaba esa década con un nuevo sistema de clasificación de sus vinos basado fundamentalmente en el envejecimiento en barrica, que reflejaba la estrategia de diferenciación por la que había apostado el sector. La definitiva especialización en vinos tintos con envejecimiento concentró los mayores esfuerzos y se convirtió en el principal objetivo de todas las bodegas. Para la gran mayoría, los vinos blancos y rosados eran un complemento necesario de su portafolio al que no se dedicaba una especial atención. El mercado parecía funcionar con el tópico ‘tintos de Rioja’, ‘rosados de Navarra’ y ‘blancos del Penedés’ (sí, ni Rías Baixas con su albariño sonaba todavía fuera de Galicia -decían que ‘viajaba mal’-, ni Rueda con su verdejo había empezado a carburar).
Hemos de reconocer que los blancos jóvenes, frescos y afrutados que la tecnología del acero inoxidable permitió lanzar al mercado en los años ochenta no ofrecían la suficiente diferenciación sobre los producidos en otras zonas vinícolas (quizás el uso generalizado de levaduras con sabor a plátano contribuyó en exceso a la uniformidad). Pero representaron un revulsivo necesario y asumido con visión de futuro por importantes bodegas que proporcionaron un notable impulso a la imagen de modernidad e innovación que representaba enriquecer la oferta de vinos de Rioja con esa nueva tipología de blancos. Algunas marcas clásicas se reconvirtieron, como ‘Viña Soledad’ de Franco Españolas y ‘Rinsol’ de Paternina, sumándose al lanzamiento bodegas modernas como Olarra (‘Reciente’) y Marqués de Cáceres, pioneras en impulsar el desarrollo de la nueva tendencia de vinos blancos jóvenes y afrutados.
Esta década de renovación de los blancos de Rioja se cerró con el lanzamiento de los blancos fermentados en barrica, novedad con el ‘valor añadido’ del ‘toque de barrica’, elemento diferencial riojano por excelencia. Así lo contábamos en un dossier informativo publicado en el nº 81 (noviembre de 1994) de La Prensa del Rioja, que abría el entonces director de la Estación Enológica de Haro, Pedro Benito Urbina, con el artículo ‘Técnicas de ayer para vinos con futuro’. Describía los fenómenos enológicos que se producen durante el proceso de fermentación en barrica nueva y concluía que este proceso ofrece vinos más sabrosos, más largos y aromáticamente más intensos que los elaborados en depósitos.

Destacaba entre los protagonistas del reportaje la familia Martínez Bujanda, pionera en el lanzamiento del primer blanco fermentado en barrica de la cosecha 1989 (apenas 8.000 botellas, que en la cosecha 1993 eran ya 50.000). Un blanco con la particularidad de proceder de una finca (‘Alto Cantabria’) recientemente convertida en ‘Viñedo Singular’ y del que escribíamos entonces que permitió “descubrir las insospechadas posibilidades que ofrecía la variedad viura”. Isaac Muga, de la histórica Bodegas Muga, fermentaba entonces su tercera cosecha de blanco en 202 barricas (el doble que el año anterior) y nos aseguraba que su objetivo era “obtener un vino joven y afrutado, con tan solo un leve matiz a roble apenas perceptible”. “Creo que nos hemos volcado con el tinto, dejando el blanco de lado, pero como decían los técnicos antiguos, donde hay un buen tinto también se produce un buen blanco”. Se mostraba convencido de que en Rioja se podía hacer un blanco con carácter, aunque su elaboración fuera complicada. Campo Viejo, Cune y Marqués de Cáceres formaron también parte de las siete bodegas que en la cosecha 1994 cumplieron el requisito de control del Consejo Regulador para poner en sus etiquetas ‘Blanco Fermentado en Barrica’.











