Del discreto papel que ocuparon durante décadas al renacer actual, los blancos de Rioja exploran nuevas formas de expresar el viñedo y la identidad de su origen, convirtiéndose en motor de innovación e impulso
Texto: Mirian Terroba
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Han sido, durante décadas, la cara menos visible de Rioja. Mientras los tintos consolidaban su prestigio internacional y los reservas y grandes reservas construían la reputación e imagen de la denominación, los vinos blancos permanecían en un discreto segundo plano, pese a formar parte histórica de la región, cuya tradición vitivinícola no puede entenderse sin ellos.
Ya en el siglo XVI aparecen referencias a vinos elaborados a partir de variedades como la Viura o la Malvasía Riojana, que viajaban en barrica por rutas comerciales fluviales y eran habituales en el comercio vinícola regional. Con el paso del tiempo, el creciente éxito de los tintos relegó a los blancos a un papel secundario. A partir de los años setenta, en pleno auge del modelo de Rioja centrado en los tintos, su presencia en el viñedo llegó a reducirse hasta apenas un 8-10 % de la superficie, y durante años muchos de ellos se percibieron como vinos de consumo local o elaboraciones tradicionales de perfil oxidativo.
Sin embargo, la situación está cambiando con rapidez y el papel de los blancos de Rioja dentro de la denominación se está redefiniendo. Nuevas variedades, una viticultura más precisa y una generación de elaboradores decidida a explorar el potencial del viñedo han convertido a estos vinos en uno de los motores de evolución de la región. La diversidad varietal, el redescubrimiento del viñedo y la apuesta por vinos de mayor ambición enológica, junto con la innovación en la bodega —fermentaciones sobre lías, crianzas parciales en barrica y coupages autóctonos—, permiten que los blancos de Rioja ofrezcan un abanico de perfiles más amplio que nunca.
De vinos jóvenes y afrutados a reservas y gran reserva de guarda prolongada, esta combinación de frescura, expresión varietal y técnicas modernas refuerza su atractivo tanto para consumidores tradicionales como para mercados internacionales en búsqueda de productos diferenciados y de calidad reconocida. Al mismo tiempo, factores como el cambio climático, la demanda de vinos más frescos y la sensibilidad creciente hacia la sostenibilidad impulsan nuevas prácticas vitícolas y estilos de elaboración, situando a los blancos de Rioja en una posición privilegiada para afrontar los retos actuales y consolidar su proyección internacional.
Un patrimonio varietal en evolución
El renovado interés por los blancos de Rioja no es fruto de una moda reciente, sino el resultado de una evolución silenciosa que ha tomado forma en las últimas dos décadas. Un hito clave fue el Plan Estratégico 2005‑2020, impulsado por el Consejo Regulador DOCa Rioja, que amplió las variedades autorizadas y promovió la diversificación de estilos para responder a la creciente demanda internacional de blancos frescos, complejos y de mayor valor añadido.
Hoy, la tradición de blancos longevos convive con una nueva generación de elaboraciones que buscan precisión, frescura y expresión directa del viñedo. La normativa mantiene las categorías clásicas —joven, crianza, reserva y gran reserva—, pero dentro de ellas los elaboradores experimentan con enfoques diversos: vinos vibrantes de perfil varietal, fermentaciones en barrica o sobre lías que aportan volumen, textura y capacidad de guarda.
El resurgir de la categoría se apoya en un patrimonio varietal más amplio y diverso: nueve variedades blancas, seis de ellas autóctonas, permiten ampliar las posibilidades expresivas y reforzar la competitividad de los blancos dentro de la denominación.
La base del viñedo sigue siendo la Viura, que representa alrededor del 70 % de la superficie plantada y continúa siendo la variedad que mejor define el estilo histórico de los blancos de Rioja. Su capacidad para ofrecer vinos frescos y vibrantes en su juventud, pero también complejos y longevos cuando se somete a crianza, explica que siga ocupando el centro de gravedad de la categoría.
A su lado han ido ganando protagonismo otras variedades autóctonas que enriquecen el paisaje vitícola. Entre ellas destaca la Tempranillo Blanco, una mutación natural del tempranillo tinto descubierta en 1988 en Rioja, hoy considerada una de las apuestas más interesantes por su intensidad aromática y potencial de guarda. Junto a ella, la Malvasía Riojana y la Garnacha Blanca aportan textura, complejidad aromática y estructura a muchos ensamblajes. Completa el grupo de autóctonas la minoritaria Maturana Blanca y la escasa Turruntés, recuperadas del patrimonio genético riojano, valoradas por matices cítricos, especiados o minerales. A estas se suman tres variedades internacionales —Chardonnay, Sauvignon Blanc y Verdejo— cuya presencia es menor, pero que amplía el abanico de estilos dentro de la denominación.
En conjunto, el viñedo blanco supera hoy las 5.900 hectáreas, cerca del 9 % de la superficie total de la denominación, distribuyéndose especialmente en las zonas más frescas, donde el clima y los suelos favorecen vinos con buena acidez y capacidad de evolución.

Tradición y nuevas formas de elaboración
La evolución de los blancos de Rioja no puede entenderse sin su tradición enológica. Durante décadas, muchas bodegas elaboraron blancos de larga crianza en barrica —a menudo en roble americano— que podían permanecer años en bodega antes de salir al mercado. Aquellos vinos, trabajados mediante trasiegas manuales y clarificados con claras de huevo, desarrollaban complejos perfiles oxidativos y una notable longevidad.
Mientras la tradición de los blancos longevos sigue presente, las nuevas elaboraciones priorizan la frescura, el carácter varietal y la expresión del terruño, ampliando la gama de estilos dentro de la denominación. Fermentaciones en barrica, crianzas sobre lías o interpretaciones centradas en la pureza varietal reflejan la diversidad que hoy caracteriza a esta categoría.
Los blancos de Rioja se caracterizan por una notable diversidad estilística y por su capacidad para reflejar con fidelidad los distintos terroirs de la región. Comprenden desde vinos jóvenes, frescos y aromáticamente expresivos, elaborados en depósitos de acero inoxidable con control de temperatura para preservar acidez, intensidad varietal y fragancias primarias, hasta vinos con crianza en barrica o en depósitos especiales, donde la fermentación y crianza sobre lías finas aportan estructura, untuosidad y complejidad aromática. La categoría incluye también Gran Reserva, sometida a largas crianzas en roble, que desarrollan densidad, equilibrio y profundidad, pensadas para maridajes más exigentes y para una guarda prolongada. En conjunto, estos vinos abarcan un amplio espectro de perfiles, desde los más ligeros y dinámicos hasta los más complejos y gastronómicos, evidenciando la singularidad de los suelos, la identidad de los viñedos y la precisión enológica aplicada en cada bodega.
Un crecimiento sostenido
El dinamismo de los blancos de Rioja se refleja tanto en cifras de producción como en reconocimiento crítico. Durante la última década, su participación en el volumen total de la denominación ha pasado del 10‑12 % a cerca del 22 %, superando actualmente los 24 millones de litros anuales. Paralelamente, las exportaciones han crecido más del 4 % en 2024, con incrementos destacados en mercados clave como Estados Unidos (+17 %) y Reino Unido (+12 %), consolidando a los blancos de Rioja en el segmento premium del vino español.
El reconocimiento crítico acompaña a este crecimiento comercial: cientos de vinos superan los 90 puntos en guías especializadas como la Guía Peñín y en valoraciones internacionales de Robert Parker o Decanter, mientras que su presencia en concursos globales —Decanter World Wine Awards (DWWA) e International Wine Challenge— continúa expandiéndose. Esta combinación de calidad reconocida y éxito en el mercado sitúa a los blancos de Rioja en un momento excepcional, capaces de expresar fielmente su terruño y de abrir nuevas oportunidades en los segmentos más exigentes a nivel internacional.
Reportaje publicado en el nº 254 de La Prensa del Rioja











