
TIEMPO DE VINOS
Por Jorge Solana Aguado, Director de La Prensa del Rioja
jorge.solana@laprensadelrioja.com
La cultura del vino en Rioja es el eje vertebrador de nuestra identidad, un puente vivo entre siglos de tradición, entre los centenarios, y la acogida de los nuevos valores sociales que, precisamente en estos momentos, está impulsando una expansión sin precedentes del turismo del vino y de la gastronomía, al que posiciona a nivel global a las bodegas, al vino y a los productos riojanos.
En Rioja, el vino se bebe y se vive. Desde las antiguas cuevas excavadas en la piedra caliza hasta las “catedrales del vino” firmadas por arquitectos de renombre mundial, la región ha sabido integrar el respeto por la tierra y la historia con la innovación constante. Esta doble versión no genera conflicto; al contrario, se enriquece mutuamente, es un símbolo más de la variedad del Rioja.
Las bodegas centenarias que mantienen sus barricas de roble americano y sus elaboraciones clásicas conviven con proyectos que experimentan con fermentaciones en tinajas, en huevos de hormigón, con vinos de parcela extrema o expresiones frescas de variedades blancas y garnachas. Esta convivencia genera una oferta diversa y de calidad que atrae a perfiles muy distintos: desde el conocedor que busca la elegancia eterna del Rioja clásico hasta el viajero millennial o Z que valora la sostenibilidad, la autenticidad y la parte más experiencial de turismo y los momentos de ocio..
El enoturismo en Rioja dejó hace mucho de ser una actividad complementaria para convertirse en motor económico y cultural de primer orden. En los últimos años hemos visto un crecimiento sostenido de visitas a bodegas —con incrementos anuales notables—, un mayor gasto medio por visitante y una demanda cada vez más madura que busca no solo catar, sino entender, conectar y llevarse consigo una historia.
El paisaje cultural del vino y el viñedo se convierte en el mejor escaparate: viñedos infinitos, pueblos con alma medieval, arquitectura vanguardista y una gastronomía que dialoga de tú a tú con el vino. Todo ello conforma una experiencia integral que trasciende el producto para hablar de territorio, personas y modo de vida.
En los próximos meses, con la llegada de la primavera, que se espera traiga algo de recesión en las lluvias, esta dinámica se acelerará de forma notable. Eventos experienciales, ferias internacionales, colaboraciones con rutas del vino y la incorporación de elementos como bienestar, cultura, arte, digitalización y sostenibilidad marcan tendencias en el enoturismo premium. Modelo en el que Rioja es referente global. No competimos ya solo por calidad/precio, sino por valor añadido emocional y cultural: el visitante no viene solo a ver bodegas, a beber vino; viene a comprender por qué aquí el tiempo se mide en vendimias y añadas, por qué la tradición es base para la innovación, y por qué un paisaje moldeado por la vid durante siglos sigue proponiendo experiencias tan vibrantes.
Esta expansión de la imagen no es casual. Responde a una estrategia colectiva —Consejo Regulador, rutas del vino, bodegas grandes y pequeñas, comunicadores— que entiende que el futuro del vino riojano pasa por mostrar su alma. En un mundo donde los consumidores buscan autenticidad y origen, Rioja ofrece precisamente eso: una cultura del vino que une lo antiguo y lo nuevo, lo local y lo universal, lo sensorial y lo intelectual.
En los próximos meses, con el impulso de nuevas propuestas y la consolidación de las existentes, veremos cómo esta cultura expansiva convierte a más personas en embajadores involuntarios o muy voluntarios de nuestra tierra. Porque quien conoce de verdad Rioja, interioriza su historia y su vino y lo transmite en forma de cultura a todo el mundo.










