Texto: Antonio Egido

Acudiendo a las enciclopedias, podemos comprobar que los murales ya se realizaron en las cuevas del Paleolítico, sobre paredes de rocas y realizados  con pigmentos naturales de plantas y minerales, con aglutinantes como la resina. El concepto de muro y paredes revestidas de arte predominó durante la antigüedad y la época románica. El Renacimiento dejó también ejemplos de arte mural impresionante, baste recordar las estancias del Vaticano y la Capilla Sixtina, lo que siguió en el Barroco y el Rococó. Ya en el siglo pasado, el XX, el arte mural pictórico lo mantiene y promociona, de manera especial, los países de Hispanoamérica. A lo largo de la historia, pues, los muros, cualquier muro, son para los ojos de los artistas, sus lienzos deseados.

El mundo del vino también tenía que verse reflejado en los murales, que en la Denominación de Origen Rioja, encuentra a artistas riojanos como José Uríszar,  la marca Globartia Visual Art Company conformada por Carlos Corres y Carlos López Garrido –aunque artistas extranjeros como Guido van Helten también han hecho esporádicas y significativas incursiones–  o Javier y Gabriel Pangua que han ocupando espacios muertos para convertirlos en lienzos urbanos cargados de vida, donde los que pasan por ellos no dudan en fotografiarse para llevarse un recuerdo más de ese concepto genérico que es conocido como enoturismo.

Globartia, una marca que nació para desarrollar y materializar murales y eventos creativos, se encarga en 2013 de reproducir el cuadro del artista jarrero Enrique Paternina García Cid, “Costumbres jarreras” aunque es más conocido como “Los borrachos”, con motivo de la celebración en Haro de “La Rioja Tierra Abierta”, en toda la cara de la fachada conocida como la “del Tijis”, entre el acceso al nuevo Ayuntamiento y el Palacio de Bendaña, que es principio o/y fin de la calle de vinos y tapas de la localidad, llamada la Herradura. Si bien anteriormente, en 2010 ya habían hecho su primera obra mural en Haro, una mujer cubista bebiendo vino, y seguidamente, en el año 2012, dos grandes murales en Briones: un “Grial”, con el que hacen un guiño a la historia del pueblo de Briones y también a sus vinos con la representación de una copa de vino versión grial y con la muestra seleccionada de los monumentos y edificios más emblemáticos de este recinto amurallado; y el “Botellero”  que representa un botellero exterior que se integra en la estampa del pueblo desde la visión de la carretera N232, como reflejo de zona de La Rioja Alta con numerosos viñedos y bodegas de suma importancia. Ambos con diseño de Carlos Corres

Por su parte, José Uríszar fue reclamado por el alcalde de Haro, Patricio Capellán para ejecutar una serie de murales en el Palacio de Bendaña de Haro: “desde los sótanos hasta la biblioteca y que cada planta estuviera tematizado con algo al uso. Comenzamos con la planta baja donde pinté un calado que era complicado porque había que pintarlo sobre piedra. En la Oficina de Turismo, que está en el primer piso hice un paisaje otoñal donde la viña en rojo simbolizaba lo que es el paisaje riojano. A partir de ahí, dibujé imágenes inspiradas en la Biblioteca de San Millán”.

Recuerda Uríszar que “mi amigo Jesús Guerra, para celebrar el aniversario de su negocio, me propuso un mural en el que pintara algo muy representativo de Haro e hice una serie de imágenes de la Batalla del Vino, en blanco y negro aunque doy un toque de color a los pañuelos y las fajas de los personajes. Seguidamente me llamaron de Uruñuela, donde había una pared de 50 metros de largo por 2 de ancho, a lo largo de la carretera de acceso al  pueblo, que era un lugar de paso. Allí  hice una serie, en tonos sepias, tras consultar la base documental de Vivanco, para reflejar escenas de finales del siglo XIX, sobre la vendimia, el transporte de las uvas, las comportas… Y en la misma localidad, en la plaza, he pintado unas escenas típicas de bodega. En Briones me salió otro trabajo, solicitado por una ciudadana que quiso que le pintara en un pared una uva de tempranillo”. Finalmente este año Uríszar ha podido mostrar unas escenas de las “Batalla del vino” en la calle Navarra de Haro, con personajes conocidos.

El muralista australiano Guido van Helten ha dejado su sello en la bodega Solar de Samaniego (Laguardia) dibujando en siete depósitos de hormigón de más de 13 metros de altura, retratos gigantes de lugareños. Y el artista sonserrano, Javier Pangua, junto a su hijo Gabriel, ha realizado en una pared del polideportivo de San Vicente de la Sonsierra, por encargo de Bodegas Sonsierra, un mural de 90 metros en el que, en 11 diferentes épocas históricas y civilizaciones, recoge la historia del vino. Un mural que aúna arte, historia y vino.

Para los artistas riojanos los murales “están más que de moda –afirma Carlos López Garrido– y por mucho motivos. El hecho de pintarlos en vivo y en directo es un reto para cualquier artista. A lo que añadimos sus inusuales proporciones, ángulos… lo que los convierte en una experiencia increíble. Pero además con el mural se reparan y embellecen fachadas, plazas… sin que falte la crítica social, el cartel publicitario o un lugar de propaganda para ensalzar el turismo de la zona”, palabras refrendadas por José Uríszar que define este arte como “la representación en grande de escenas en pequeño que hay que multiplicar. Al final el artista tiene el mismo trabajo que emplea en cualquier otra obra, aunque cambia en su ejecución. Se hace el planteamiento en el lugar donde se va a ejecutar a su tamaño, la distancia para percibirlo y la perspectiva, pero hay que tener cuidado para no  distorsionar las figuras y a la hora de ejecutarlo yo trabajo manualmente, cuadriculando el dibujo y seguidamente reproduciendo el proyecto lo que me supone subir y bajar mucho del andamio hasta dar con las perspectivas y poder encajarlo todo”.

 

Reportaje publicado en el nº 224 de La Prensa del Rioja

Compartir