El mundo del vino a sorbos

Seguramente poco hablamos del cambio climático y cómo va a afectar al mundo del vino cuando todo debemos ser conscientes de lo que nos viene encima, como es el estrés hídrico de las plantas o esos episodios de piedra, o de exceso de agua que seguramente comentamos como un hecho aislado, aunque no lo sea.

Texto: Antonio Egido

Por ello acudimos hoy a Internet para que nos dé soluciones a la búsqueda “variedades de vino para el cambio climática”, encontrándonos con 1.5100.000 resultados. Los primeros son de ‘lavanguardia.com’ y nos pone en alerta con este titular: “El cambio climático amenaza el futuro del vino”, y leemos este texto: “En un futuro no muy lejano, es posible que lleguemos a saborear un buen merlot finlandés o un cabernet del Himalaya. Es una exageración, pero tampoco tanto, dadas las dificultades que el cambio climático está causando al cultivo de la vid y a la producción del vino.

China, Tasmania o Canadá en el futuro podrían ser los nuevos territorios en los que cultivar las uvas pinot noir, puesto que en Borgogna será cada vez más complicado, y el champagne acabará produciéndose en el sur de Inglaterra. Los viñedos tendrán que mudarse cada vez más al norte y a mayores altitudes.

En 2016, la producción mundial de vino cayó en un 5 %, alcanzando uno de los porcentajes más bajos de los últimos veinte años. El aumento de las temperaturas y fenómenos meteorológicos cada vez más violentos y frecuentes afectaron a diferentes regiones productoras del planeta.

En América del Sur se registró un verdadero derrumbe, con caídas del 35 % en Argentina y del 21 % en Chile, principalmente a causa de El Niño, que trajo lluvias excepcionales. Por el contrario, Sudáfrica tuvo que hacer frente a graves sequías, que bajaron la producción vitivinícola en un 19 %.

También en Europa la situación muestra un deterioro preocupante: si España se mantuvo más o menos estable, en Italia, el mayor productor mundial, la disminución fue de 2 puntos porcentuales, pero la peor suerte le tocó a Francia. En el país galo las fuertes lluvias, heladas y granizadas excepcionales fueron responsables de una caída del 10 %, con la región de Champagne-Ardenne, que perdió casi un tercio de su producción.

La pasada primavera, las temperaturas más altas de lo habitual adelantaron la floración de casi tres semanas, pero la ola de frío, nieve y granizo de finales de abril causó desastres en toda Europa con cosechas enteras perdidas. A falta todavía de datos, ya podemos presagiar que también 2017 será un año complicado.

Miguel A. Torres, presidente de Bodegas Torres, da la alarma: “En el Penedès en los últimos 40 años, la temperatura ha subido 1ºC, lo que ha provocado que se avanzara la vendimia unos diez días de media. Por otro lado, en nuestros viñedos en el Pre-Pirineo, hemos tenido que proteger las cepas con mallas para evitar los daños provocados por el granizo, que es cada vez más frecuente”.

En ‘eldiario.es’ José Luis Gallego nos aporta estas interesantes reflexiones: “Los últimos datos del Ministerio de Agricultura sobre la evolución del viñedo en España muestran una doble tendencia inquietante. Por un lado dejan claro que el cultivo de la vid sigue en caída libre. En 2016 la superficie se mantuvo por debajo del millón de hectáreas. En concreto se cultivaron en todo el país 955.717 hectáreas de vid, lo que representa un 42 % menos que en 1980, cuando los viñedos ocupaban 1.642.622 hectáreas.

Pero junto al descenso de la superficie de cultivo, lo que llama la atención es el cambio que está experimentando el mapa de distribución de la viña por comunidades autónomas, con una clara tendencia a desplazarse hacia el norte. Y aquí es donde cabe abrir un paréntesis para hablar de vino y cambio climático.

Hace unos años tuve la ocasión de entrevistar a los mayores expertos de nuestro país sobre este tema, entre ellos el profesor Vicente Sotés, catedrático de Viticultura de la Universidad Politécnica de Madrid. Fue para un documental sobre los efectos del calentamiento global en la viticultura y la vinicultura, es decir: en el cultivo de la vid y la elaboración del vino.

En sus declaraciones el profesor Sotes explicaba que el clima juega el papel más determinante y el más difícil de controlar en la elaboración de un vino. Por eso, como las primaveras tienden a ser cada vez más secas y los veranos más calurosos, el viñedo, tan íntimamente vinculado al ritmo de las estaciones y la evolución de las temperaturas, está actuando a su vez como uno de los mejores bioindicadores del cambio climático en la agricultura.

Un ejemplo. En la Denominación de Origen (D. O.) Conca de Barberà, una de las más afamadas de Cataluña, durante los últimos 25 años la vendimia de la variedad Macabeo se ha adelantado 25 días, o sea un día por año. Encontraríamos casos similares en todos los territorios y con otras variedades de uva. Y eso es una mala noticia para nuestros vinos.

En las condiciones actuales, para mantener los ritmos de producción de algunas D. O., sería preciso adelantar la cosecha y empezar a vendimiar con las uvas prácticamente verdes. Pero eso tendría un resultado nefasto, ya que afectaría de manera directa a las características del vino que, además de resultar falto de color, tendría un sabor muy áspero pues si las semillas de la uva están demasiado verdes en el momento de la recolección liberando un tanino muy amargo y astringente que arruina la calidad del vino.

Para hacer frente a esta situación existen diferentes procesos de adaptación, algunos de los cuales ya se han puesto en marcha: cambio en los sistemas de cultivo, sustitución de variedades, desplazamiento en altura, aportación de riego y otros. Hasta que todo ello resulte insuficiente y no nos quede otro remedio que llevarnos las viñas al norte. 

Aquí es donde vale la pena recuperar los datos del Ministerio de Agricultura sobre la evolución del cultivo de la vid en España. Porque resulta que la comunidad autónoma que ha perdido más superficie en el último año ha sido Andalucía, con un descenso del 4,6 % en 2016 y una caída acumulada del 76 % desde 1980. Mientras que la que más ha crecido ha sido Asturias, con un aumento del 167 % y que en 1980 no tenía ni un palmo de viña.

El cambio climático está redibujando el mapa del viñedo en España. Adaptación: esa es la estrategia a seguir si queremos competir con nuestros nuevos competidores en la producción de vino. Países como Noruega, Dinamarca o Reino Unido, en los que la producción de vino crece ya a un ritmo superior al 40 % anual y se empiezan a obtener altos niveles de calidad. Lo que está fuera de toda duda es que el cambio climático nos va a cambiar incluso el vino”.

Pero esta adaptación es un trabajo que debemos ir realizando día a día y no dejar para luego, que es algo a lo que estamos muy acostumbrados los españoles.

 

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